El gobierno de Estados Unidos dio un paso sin precedentes al designar oficialmente a El Cártel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera (FTO). Con esta medida, Washington coloca al grupo —presuntamente liderado por Nicolás Maduro y altos funcionarios militares, de inteligencia y judiciales de Venezuela— al mismo nivel que ISIS o Al-Qaeda. La acusación es clara: traficar toneladas de cocaína hacia Estados Unidos y Europa, aliarse con el Tren de Aragua y el Cártel de Sinaloa, y usar la violencia para mantener el poder.
El nombre “Cartel de los Soles” viene del sol dorado que llevan los generales venezolanos en sus uniformes y se usa desde los años 90 para describir a oficiales enriquecidos con el narcotráfico. Bajo Chávez y Maduro, según Washington, se convirtió en una red que combina militares, policías, jueces y políticos para lavar dinero, explotar minas ilegales y contrabandear combustible. Aunque no tiene la estructura jerárquica de un cártel tradicional, Estados Unidos lo trata como tal por su impacto en la seguridad regional. Esta es la sanción más dura hasta ahora: desde julio pasado ya estaba catalogado como “Terrorista Global Especialmente Designado”, pero la nueva etiqueta FTO abre más herramientas: congelación total de activos en territorio estadounidense, prohibición absoluta de transacciones con estadounidenses y posibilidad de castigos más severos.
El secretario de Estado Marco Rubio dijo que “es responsable de la violencia terrorista en nuestro hemisferio”, mientras el secretario de Defensa Pete Hegseth añadió que “nos da un montón de nuevas opciones”, sin precisar si incluye acciones militares. Venezuela respondió llamando a la medida “una nueva y ridícula fabricación” de Rubio para justificar agresiones, y afirmó que el Cártel de los Soles “no existe”. Maduro ya había sido calificado por Donald Trump como “narco-terrorista” en el pasado, y esta designación intensifica la presión sobre su gobierno.
Desde que el republicano regresó al poder, ocho grupos criminales latinoamericanos han sido incluidos en la lista FTO, la mayoría vinculados al tráfico de drogas y migración. La medida llega cuando el portaaviones USS Gerald R. Ford patrulla el Caribe y Estados Unidos ha intensificado operaciones contra barcos de droga. Analistas advierten que, aunque no autoriza una invasión directa, sí facilita sanciones financieras más duras y podría complicar aún más la economía venezolana.
En redes sociales, opositores venezolanos celebran y piden más presión, mientras simpatizantes del chavismo denuncian un “imperialismo yanqui”. Por ahora, el impacto en el comercio y la migración regional podría ser inmediato. Esta decisión marca una nueva escalada en las tensiones ya existentes entre Washington y el régimen de Maduro.







