Annalena Baerbock, ministra de Asuntos Exteriores de Alemania desde 2021 hasta 2025 y destacada figura del Partido Verde, fue elegida como presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas para su 80º período de sesiones, que iniciará en septiembre próximo. La elección tuvo lugar en Nueva York, donde Baerbock, de 44 años, obtuvo 167 votos a favor de los 193 países miembros en una votación secreta, con 14 abstenciones y 7 votos para la candidata inicial de Alemania, Helga Schmid. Este hito la convierte en la quinta mujer en presidir este organismo, siguiendo a la ecuatoriana María Fernanda Espinosa en 2018.
El proceso se llevó a cabo en la sede de la ONU, dentro del marco de rotación anual que asignó la presidencia al grupo de países “Europa Occidental y otros”. Alemania propuso a Baerbock en marzo pasado, tras la derrota de los Verdes en las elecciones alemanas, lo que marcó el fin de su rol como ministra. Su candidatura, aunque negociada entre países de la Unión Europea, generó críticas por la falta de planificación inicial, ya que Alemania había propuesto originalmente a Helga Schmid, una diplomática más aceptada por países como Rusia. A pesar de ello, Baerbock se comprometió a ser una “unificadora”, prometiendo representar a los 193 estados miembros, grandes y pequeños, con un enfoque en igualdad de género, cambio climático y los objetivos de sostenibilidad de la ONU. Su toma de posesión está programada para el 9 de septiembre, antes del debate general de la Asamblea.
La elección de Baerbock ocurre en un contexto de transición tras su salida del gobierno alemán, donde enfrentó críticas por su gestión, incluyendo acusaciones de oportunismo y posturas controvertidas, como su apoyo inicial a Israel en conflictos recientes, que luego moderó al asumir un rol internacional. Algunos la ven como una líder comprometida con causas globales, mientras otros critican su trayectoria, señalándola como una figura polarizante debido a su postura dura contra Rusia o su falta de experiencia laboral fuera de la política.
El propósito de su nuevo rol es liderar la Asamblea General, un cargo ceremonial pero influyente en la coordinación de agendas globales. Este nombramiento responde a la necesidad de abordar desafíos como conflictos geopolíticos y el cambio climático, con Baerbock como una voz clave en la diplomacia internacional.







