Envío de remesas desde Estados Unidos a México cae 16.2%

lunes 04, Ago 2025

En 2025, México, el segundo mayor receptor de remesas a nivel mundial después de India, enfrentó una caída significativa en los envíos de dinero desde Estados Unidos, rompiendo una racha de 11 años de crecimiento continuo que comenzó en 2014. Este descenso, particularmente pronunciado en junio con una reducción del 16.2% interanual, representa un cambio histórico para una fuente de ingresos vital para millones de familias mexicanas y para la economía nacional, que depende de las remesas como la principal entrada de divisas, superando al turismo, las exportaciones petroleras y la inversión extranjera directa.

El Banco de México (Banxico) reportó que en junio de 2025, las remesas sumaron 5,201 millones de dólares, un 16.2% menos que los 6,206 millones registrados en junio de 2024, marcando la mayor contracción desde septiembre de 2012. En el primer semestre de 2025, México captó 29,576 millones de dólares, una caída del 5.6% respecto a los 31,326 millones del mismo periodo de 2024, equivalente a una pérdida de 1,750 millones de dólares. Esta tendencia negativa se consolidó a lo largo del año, con caídas significativas en abril (12.1%), mayo (4.6%) y junio (16.2%), acumulando tres meses consecutivos de descensos interanuales. Además, el número de transacciones en junio fue de 12.7 millones, un 14.3% menos que el año anterior, y el monto promedio por envío se redujo de 419 a 409 dólares, un descenso del 2.2%. El 99.1% de estas transacciones se realizaron por transferencia electrónica, mientras que solo el 0.7% y 0.2% correspondieron a envíos en efectivo y money orders, respectivamente.

La caída se explica por múltiples factores. En primer lugar, las políticas migratorias de la administración de Donald Trump han generado un clima de temor entre los migrantes mexicanos, especialmente los indocumentados, que representan cerca de la mitad de los 11 millones de migrantes sin papeles en EUA. Las redadas, junto con la amenaza de deportaciones masivas, han llevado a muchos a limitar sus actividades públicas, incluyendo los envíos de dinero. Expertos como Gabriela Siller, de Grupo Financiero BASE, señalan que este miedo ha reducido las operaciones en agencias como Western Union, ya que los migrantes evitan exponerse. Sin embargo, Manuel Orozco, del Inter-American Dialogue, argumenta que el impacto de las deportaciones no es el único factor, ya que históricamente los migrantes han incrementado los envíos en contextos de incertidumbre para asegurar recursos en México.

Un segundo factor es la incertidumbre económica en territorio estadounidense. La imposición de aranceles del 10% a importaciones globales, anunciada por Trump el 2 de abril pasado, y la reducción de las proyecciones de crecimiento económico de la Reserva Federal de 2.1% a 1.4% en diciembre de 2024, reflejan un enfriamiento económico. Esto afecta a los migrantes mexicanos, muchos de los cuales trabajan en sectores como la construcción, la agricultura y los servicios, donde el empleo y los salarios han disminuido. Datos de la Current Population Survey, citados por el Centro de Estudios Monetarios de Latinoamérica (CEMLA), muestran que en los primeros cinco meses de este año, el empleo de trabajadores mexicanos en suelo norteamericano fue menor que en 2024, impactando su capacidad de envío.

Un tercer elemento es la propuesta de un impuesto a las remesas en E.U.A. Inicialmente, se debatió un gravamen del 3.5% en la Cámara de Representantes, pero tras negociaciones, el Senado aprobó en junio pasado un impuesto del 1% exclusivo para remesas en efectivo, que entrará en vigor en 2026. Esta medida, aunque reducida desde el 5% inicial, ha generado cautela entre los migrantes, quienes podrían estar retrasando envíos o buscando canales alternativos. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó el impuesto como una violación al tratado bilateral de 1994 contra la doble tributación y lanzó un programa para reembolsar el costo a los migrantes, aunque su implementación aún es limitada. Según el Centro para el Desarrollo Global (CDG), este impuesto podría costar a México más de 1,500 millones de dólares anuales.

Las remesas, que en 2024 alcanzaron un récord de 64,745 millones de dólares (96.6% provenientes de E.U.A, principalmente de California y Texas, que aportan el 47%), representan cerca del 4% del PIB mexicano. Estas se concentran en estados como Guanajuato, Michoacán y Jalisco, donde benefician a 1.8 millones de hogares, cubriendo necesidades básicas como alimentos, salud y educación. La caída impacta directamente el consumo interno, que depende en un 5% de estos recursos, y podría agravar la desaceleración económica prevista para 2025, con un crecimiento del PIB estimado en 0% o incluso -0.09% si el impuesto se implementa plenamente.

El gobierno mexicano ha respondido con medidas diplomáticas y operativas. En julio de 2025, una delegación negoció en Washington para mitigar el impacto del impuesto, logrando reducirlo al 1%. Sheinbaum ha defendido a los migrantes, llamándolos “héroes y heroínas”, y ha promovido programas como Financiera para el Bienestar (FINABIEN) para facilitar transferencias a bajo costo. Sin embargo, la volatilidad de las remesas, que acumula 19 meses de altibajos desde noviembre de 2023, persiste. Analistas de BBVA prevén un crecimiento de solo 3% para 2025, con un sesgo a la baja debido al deterioro del mercado laboral en Estados Unidos y las políticas migratorias.

En conclusión, la caída del 16.2% en las remesas de junio de 2025 refleja un entorno adverso para los migrantes mexicanos en suelo estadounidense, marcado por el temor a deportaciones, un mercado laboral debilitado, la fortaleza del peso mexicano y la amenaza de un impuesto. Este descenso, que afecta a las familias y a la economía mexicana, plantea retos significativos para 2025, mientras México busca contrarrestar los efectos mediante negociaciones y apoyos internos.

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