Los grandes retos de Morena en 2024-2030

sábado 15, Abr 2023

Lo que está en juego en la elección de 2024 no es solo mantener la presidencia de la República dentro de un partido o una ideología, sino un proyecto nacional integral y disruptivo, que desde que inició en 2018 prometió concretar un giro de 180 grados en la política nacional. Denominado la Revolución de las Conciencias por Andrés Manuel López Obrador, una empresa de esta envergadura está lejos de concluirse en un sexenio.

La Cuarta Transformación pretende no solo transformar el mismo paisaje nacional con magnas obras de inversión pública, como refinerías, parques fotovoltaicos, trenes y cientos de miles hectáreas de árboles cruzando el territorio, sino que utiliza todo el poder del estado para generar un cambio cultural en el ser mismo mexicano. Atrás quedaron esas declaraciones del peñanietismo de que la corrupción está imbricada en la cultura mexicana.

La sociedad mexicana puede salvarse a sí misma, es el postulado principal de AMLO: la ambición no es poca y los esfuerzos son grandes. Esta voluntad ampliamente desplegada requeriría, por lo menos, de una continuación de política pública a la altura de su inicio. Es por eso que preguntamos, ¿de ganar, cuáles serían los retos de los posibles sucesores? ¿Cuáles las grandes batallas que, de resolverse exitosamente, consolidarían este proyecto nacional mexicano?

Las grandes obras del obradorismo.

El Tren Maya, la refinería en Dos Bocas. Estas obras insignia, junto al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y la consolidación del Banco del Bienestar, requieren de una política transexenal que no arroje en el olvido los esfuerzos realizados en el presente gobierno. Ceder a chantajes de grupos contrarios respecto a la viabilidad de las propuestas haría retroceder el terreno ganado en estos aspectos. Solo una convicción firme y una voluntad a toda prueba podrían continuar este legado.

Reforma electoral

En el juego autolesivo de la “moratoria constitucional”, los partidos de oposición han sido desplazados de las negociaciones de leyes secundarías, así que han perdido injerencia en los grandes cambios nacionales. Las elecciones reiniciarán las relaciones entre partidos y la reforma pendiente requiere de alguien capaz de negociar con la oposición sin perder terreno en sus presupuestos principales: menos diputados, menos senadores, más confianza en los institutos, menos burocracia.

Reforma al Poder Judicial

Esta reforma que es uno de los principales problemas de seguridad del país hoy día. La independencia del Poder Judicial no está en duda, pero eso no explica su reticencia a realizar una limpieza profunda en sí mismo, y, por el contrario, posicionarse en las antípodas del Ejecutivo en temas trascendentes. Alguien que conozca por dentro la judicatura y sepa premiar las virtudes y castigar los excesos, en alianza con jueces de solvencia moral comprobada, podría llevar a cabo esta reforma.

Profundizar la lucha contra la desigualdad

Soberanía alimentaria, fortalecimiento del mercado laboral, solución al problema del agua, acceso de la población general al sector financiero e internet y regular e incrementar lo más cercano posible a la universalidad los programas de apoyo a los adultos mayores, las becas para niños, niñas y jóvenes, y el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Alguien que no ponga en duda la vocación social del Estado obradorista sería el indicado para este último y gran reto: justicia social para las y los mexicanos.

Cuatro retos, cuatro grandes campos de batalla para cada uno de quienes hoy ocupan el centro del escenario. Más allá de la lealtad al presidente, más allá de la aparente adherencia ideológica, la capacidad y el desempeño deberían ser la vara y la medida. A ninguno de los cuatro contendientes falta habilidad política ni experiencia, y por lo menos hasta ahora, no han mostrado diferencias reales o profundas con el proyecto de la 4T. Solo quien logre conjuntar astucia, habilidad, voluntad y valores a toda prueba, logrará consolidar un sueño largamente deseado. Los que desde hace más de 20 años acompañan a Andrés Manuel López Obrador, en espera de una revolución pacífica y una verdadera refundación nacional

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