LA FRESCURA DEL VERANO: CREMITA

Álvaro Martín Verástegui es hijo, nieto y bisnieto de bodegueros de la zona de vallisoletanas de Cigales y Cubillas de Santa Marta en la comunidad autónoma de Castilla y León, España. Nacido en una familia productora de vinos, conoce perfectamente el tema. Este año lanza al mercado “Cremita” un vino lleno de inspiración y mucha frescura. “Cremita es nuestro vino blanco más vanguardista, es un vino de playa de montaña, porque lo hemos creado inspirados y fijándonos, en el paladar americano, en el mar. Hemos buscado elaborar algo muy fresco, suavecito, muy fácil de beber, que puedas tomarlo durante un largo periodo de tiempo y que te sientas en perfecto estado”.

CREMITA UN VINO DESCOMPLICADO 

Acerca del surgimiento del vino Álvaro Martín Verástegui recordó: “Nació de la necesidad de expresarnos en muchos países, es un vino que además tiene pinceladas internacionales, surgió para sorprender diferentes paladares y salirnos de la norma, pero sobre todo brotó de una inspiración en particular; imaginar al consumidor salir de una piscina y ya con antojo de esa copita de vino. La necesidad vino a pulir lo que ya se tenía. Todos sabemos que cuando consumimos vino, creamos endorfinas que nos generan felicidad y con Cremita antes de saborearlo, generamos endorfinas. Para el vino me inspire en la crema Nivea, buscamos un sentimiento de ‘descomplicación’, de relajación, bienestar, salud y felicidad. Es lo que buscamos con Cremita. A mí me gusta tomarme la vida no tan seria, disfrutar del día a día e intentar reírme todo el tiempo, también eso es salud”. 

Sobre la distribución del producto, informó: “Cremita ya llegó a México, está en cinco países, España, Estados Unidos, Panamá y Rusia, junto a los demás productos de nuestra familia. Cremita va en línea de avance, es un vino que además tiene un concepto de 360 grados, llevo 17 años montando la red comercial internacional para los vinos de mi familia, por lo cual tengo una experiencia de creación, de elaboración y técnica de elaboración. Todos estos años me han aportado muchísima experiencia de conexión. En la empresa hemos interpretado el paladar, hemos estado mucho tiempo aquí en América y hemos captado muy bien lo que busca el mercado global exigente. Hemos dado la máxima calidad siempre, pero también buscamos una conexión al querer agradar al público y a nuestros consumidores. Hemos buscado una acidez baja, para ayudar muchísimo al consumidor a que pueda tomarlo por un largo periodo, sin ningún tipo de problema, sin que se te sature el paladar, lo que suele pasar si es que se abusa un poco de los vinos blancos. Buscamos eso, una acidez baja, ahí es donde yo me inspire en el paladar americano. Busque estilos como los cardones californianos que son muy fáciles de beber. Por eso, a pesar de que tiene una acidez muy correcta, he querido darle una pincelada internacional”. 

Sobre lo curioso de la botella del vino, expresó: “Nos inspiramos en una crema muy famosa que se vende en España y México. En España tenemos mucha tradición vinícola, en el consumo de vino entonces, se convierte en lo más sano que puedes tomar y lo más enriquecedor. Desde joven lo que hacía, a pesar del tema de la ilegalidad, empecé a probar el vino. En mi caso desde los ocho años soy catador de vinos, me acuerdo de ello, cuando se iban mis padres, me quedaba solo en casa, me juntaba con amigos y lo primero que hacía, era meter unas botellas de ‘Bermejo’ en el congelador. Buscábamos ese momento de vamos a pasarla rico, vamos a pasarla bien con los amigos. El vino se toma súper frío, súper fácil de tomar, con algo de marisquito y Cremita me recordó a eso”. 

Al cuestionarlo sobre cuál de sus productos podría ser el que lo tiene más orgulloso, aparte de Cremita, comentó: “El vino que me lanzó a nivel internacional es Alvarito. Lo describo como el vino que le recuerda a la gente que nacemos como personas imperfectas. Precisamente recuerda el ser un niño, al igual que en Cremita, el ser descomplicado. En tener pensamientos pasados de felicidad. A nivel concepto, yo tengo en la memoria de infante cuando iba a la playa, mi madre y mi abuela estaban disfrutando y decían ‘venga para acá’ y te protegían con sus cremas. 

“En uno de estos días, salí de la alberca de mi casa, hacía un calor terrorífico, vi una de las latas de Nivea, al mismo tiempo pensaba en un vinito de esos que me tomaba tan frío. A partir de ahí empezó a fluir el concepto de Cremita. Al mismo tiempo que un gran amigo mío, don Pedro Santamaría Pozos, uno de los mejores psicoterapeutas de España, me animó y se sumó al proyecto, comprendió el concepto, la línea, incluso me dio su certificación cómo potencializador de la felicidad”.

* Encuentra la entrevista completa en nuestra edición de Junio de Revista Líder México.

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