EL RETO DE LA ECONOMÍA TRAS EL COVID-19

Por: Miguel Ángel López Parra 

El virus SARS-COVID-2 ha cobrado la vida de poco más de 77 mil mexicanos, solo al mes de septiembre y pese a que no existe nada más doloroso que perder a una madre, a un padre, un hermano o un amigo, los costos de este virus en materia económica han repercutido sobre una cantidad significativamente mayor de personas. A la misma fecha, en el país se han perdido más de 12 millones de empleos, más de 150 mil negocios se han visto obligados a cerrar, la contracción de la actividad económica se estima en más del 10%; teniendo como resultado una caída pronunciada del consumo, la pulverización del ahorro y el endeudamiento de una proporción cada vez más importante de mexicanos.

 

¿Pero quiénes son los más afectados de esta crisis sanitaria?

Aunque vaya contra el sentido común, los más afectados por la contingencia sanitaria no es la clase baja, ni en términos absolutos ni relativos. Para la población pobre no es posible observar una pérdida sustancial de riqueza o posición social, debido principalmente a que su situación económica y social no era favorable inclusive antes de la crisis sanitaria. En el mismo tenor, es necesario recordar que hace ya unas cuantas décadas, la situación de esta clase social dejó de estar vinculada a la actividad económica del país, pasando a establecer una dependencia con la estructura programática asistencialista que el gobierno fue construyendo a través de los sexenios. En consecuencia la crisis del SARS-COVID-2 solo ha implicado, para la clase baja, la desaparición de las ya escasas oportunidades que se disponían para lograr el ascenso social.

 

En cambio, se observa que los remanentes de las clases medias y clases bajas-altas son los que han padecido una pérdida considerable de su riqueza acumulada y posición social. Esta clase es la que se ha visto empobrecida en términos absolutos y relativos, agudizando su situación, que se encontraba ya grave a consecuencia del olvido dentro de la política económica estatal. Cabe recordar que, en México, la agenda neoliberal auspiciada por el gobierno de Miguel de la Madrid y profundizada en la administración salinista, condujo al desmantelamiento de aquella clase media nacida en los 50´s durante el “milagro mexicano”.

 

¿Hacia dónde deberían orientarse las políticas de recuperación económica?

Aunque naturalmente uno pensaría que ante cualquier crisis es obligación del Estado velar por los grupos de mayor vulnerabilidad, como lo dicta la agenda neoliberal y la propia moral humana, la realidad es que un análisis más conmensurado de la esfera económica y su funcionamiento permite dar una respuesta con mayor fundamentación sobre el papel del Estado ante una economía en crisis. Puesto que, para diseñar una buena política económica es de gran importancia primeramente entender cómo funcionan los encadenamientos productivos y de consumo que generan cada una de las clases sociales, es por ello que es necesario que nos cuestionemos, ¿Quién demanda bienes y servicios? y ¿Quién los oferta? así como su dinámica.

 

La clase baja, debido a sus bajos ingresos no generan una demanda efectiva y a causa de su casi nula acumulación de capital (o nulo ahorro) su participación del lado de la oferta de la economía tampoco es significativa. Consecuentemente esta clase no tiene un papel relevante dentro de la dinámica económica nacional. Por otra parte, la clase alta posee un papel importante en la producción de bienes y servicios al concentrar una gran cantidad de capital; sin embargo, el papel de esta clase como generadora de demanda efectiva se encuentra comprometida por su propensión y patrón de consumo. Es decir, hay que tener en cuenta que las clases altas realizan una parte importante de su consumo en el extranjero, así como que una gran parte de los bienes que son consumidos por esta clase en territorio nacional son en su mayoría importados. Este tipo de patrón de consumo no permite que se generen los encadenamientos consumo-producción necesarios para una dinámica económica nacional saludable y en consecuencia inhibe la creación de riqueza en el resto de la estructura socioeconómica.

 

En cambio, la clase media juega un papel importante tanto del lado de la demanda como de la oferta de bienes y servicios. Sus patrones de consumo tienden a ser más locales, por lo que crean una demanda efectiva interna que conduce a la formación de una extensa red de encadenamientos de consumo-producción. El volumen y calidad de estos encadenamientos definen en gran medida la dinámica económica del país. Un gran volumen de encadenamientos de alta calidad, conducen inevitablemente a un círculo virtuoso de prosperidad y crecimiento económico. Por otra parte del lado de la oferta, la clase media es propietaria junto con la clase baja-alta de las pequeñas y medianas empresas (PyMES) del país, las cuales representan aproximadamente el 95% del total de unidades empresariales del país y emplean entre el 70-80% de la población económicamente activa. El papel de la clase media en la dinámica económica nacional es indiscutible, no obstante no aparecen en las discusiones políticas ni en los debates públicos, es simplemente OLVIDADA.

 

Actualmente escuchamos un debate sobre si la política gubernamental debe estar orientada al rescate de grandes empresas de la quiebra (clase alta) o si se debe salvaguardar a los pobres (clase baja), pero ¿Por qué no se discuten políticas para rescatar a las PyMES o para fortalecer a la clase media?. La respuesta es simple, aquellos que conforman la clase media no ostentan individualmente el poder necesario para influir en las políticas, ni se encuentran lo suficientemente organizados para ejercer dicha influencia. Por otra parte, al no representar numéricamente una proporción importante del electorado, suelen ser relegados a favor de un grupo más útil en términos electorales, en este caso la clase baja.

 

Sin embargo, desde un análisis objetivo, y auspiciado en el criterio de eficiencia, la política que debería tomar el Estado podría dirigirse al fortalecimiento de la clase media. Cabe recordar que el gobierno es un agente económico, que como el resto de los agentes cuenta con una dotación de recursos limitados que deben ser asignados a usos alternativos. Por lo que es deber del Estado asignar los recursos donde generen más prosperidad y riqueza. En este tenor, destinar recursos para el rescate de empresas, es decir transferir recursos a una clase que posee un exceso de estos, es sin duda alguna un acto inmoral, estas unidades empresariales no necesitan de un rescate por parte del Estado, dado que sus propietarios cuentan con una reserva de recursos suficientes para hacer frente a la adversidad. La segunda propuesta tiene una justificación moral, pero no una económica, destinar recursos a la clase baja es como tirarlo a un barril sin fondo; estos recursos permitirían generar un incremento de la demanda pero no tienen un efecto sobre la oferta económica. Entender lo anterior es sumamente importante, impulsar la demanda en un sistema donde la estructura de la oferta se encuentra débil (en este caso por el cierre de PyMES y un sobre endeudamiento de sus propietarios), no generaría dinamismo económico, sino desequilibrios que muy probablemente conduciría a un proceso inflacionario.

 

En cambio, dirigir recursos a la clase media resulta más beneficioso para la economía nacional en diversos aspectos. En primer lugar, el rescate de pequeñas y medianas empresas que poseen un alto grado de eficiencia pero cuyos propietarios no cuentan con los recursos para sostenerlas por un tiempo prolongado bajo un escenario de inactividad económica ayuda a: 1) Evitar la desaparición de fuentes de empleo directo e indirecto, 2) Salvaguarda, en la medida de lo posible, los niveles de ingreso de la población, 3) mantiene la articulación económica, es decir los encadenamientos productivos y de consumo, 4) Salva activos de procesos de liquidación, 5) Asegura niveles de ingresos fiscales futuros, entre otros beneficios menores. En segundo lugar, destinar recursos para la formación, profesionalización y promoción de nuevas pequeñas y medianas empresas, impulsar  la creación de riqueza no solo sobre los beneficiarios directos, sino que la creación de nuevas empresas siempre tendrá un efecto cascada hacia otros sectores por medio de los encadenamientos antes mencionados. El efecto cascada que se genera con este tipo de políticas, permite reactivar la economía en crisis con un proceso equilibrado, debido a que se impulsan elementos tanto del lado de la demanda como de la oferta. Estas clases de políticas sienta la base para la generación de círculos virtuosos, creando riqueza para los distintos sectores sociales, por lo que se tratan de políticas eficientes. Sin duda el futuro de la economía se encuentra en la dimensión de clase media que alcancemos.

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