Los secretos del Stand-Up Comedy

Fierro nos habla del movimiento que vino a tomar los bares y centros nocturnos del país. Foto: LatitudesPress.

De pronto un grupo de comunes totalmente desconocidos tomaron por asalto las redes sociales, la televisión por cable, las plataformas del streaming y se convirtieron en los nuevos reyes de la comedia latinoamericana. ¿Cómo sucedió todo? El project manager de Carlos Ballarta nos lo dice.

Por Jacobo Ojeda

Recién graduado de la escuela de periodismo Carlos Septién, Jonathan Fierro Acosta decidió realizar sus prácticas en la redacción del periódico Milenio, en la Ciudad de México. Quedó bajo las órdenes de Jairo Calixto Albarrán, quién un día le pidió un texto sobre el Stand Up Comedy. Por aquel tiempo, a comienzos de la década, existían un par de lugares en los que se realizaban rutinas de comedia en vivo. El aprendiz de reportero quedó atrapado por ese ambiente y ya no volvió a salir de él.

“Nunca hice la nota”, cuenta. “Salí de Milenio pero seguí frecuentado el lugar y comencé a hacerme de amigos comediantes que empezaban en ese momento, como Talavera y Escalante. Veía en ello mucho del rock mexicano en sus inicios e intenté yo mismo hacer un show, pero terminó siendo un fracaso. Nunca funcionó”.

Lo que obtuvo en los escenarios, sin embargo, fue un cambio de nombre. En lo sucesivo el mundillo lo conoció como Jonás Fierro. Y si la comedia de pie no le brindó aplausos, le dio sentido a su vida profesional. Con el tiempo Jonás se convirtió en Tour Manager y Project Manager de dos comediantes que conoció desde aquellos días: Carlos Ballarta y Coco Celis, dos de los más celebrados exponentes del género. Como tal le tocó formar parte de esa ola mediática y financiera que hace de los standuperos los rockstars del streaming, las redes sociales y el espectáculo en vivo.

Aunque el término manager le parece algo petulante, lo mismo que el de productor, es justo lo que es. Se encarga de conseguir fechas, negociar con empresarios, cerrar convenios, montar escenarios, ordenar todo para que los comediantes se concentren en su rutina.

El súbito ascenso a la fama los obligó —o en este caso a él— a convertirse en un todo terreno del show business. Con Ballarta ha alcanzado casi todo: giras dentro de la república, en centro y sudamérica, Estados Unidos, Canada, España, Francia y Alemania.

En la última década el stand up se colocó a la cabeza de la comedia en México, ¿A qué atribuyes el fenómeno?

Yo se lo atribuyo a dos cosas. Y primero que nada, al fenómeno generacional. La difusión que tienen de los medios, por ejemplo. Esto del Stand Up es viejo en los Estados Unidos, pero cuando yo era joven era muy difícil encontrar este tipo de humor. Ahora cualquier adolescente, cualquier chico se mete a Internet y busca Stand Up y le sale muchísima información. La otra es que los púberes de ahora dejaron atrás ese tipo de comediantes a los que, sin ser despectivos, les decimos cuenta chistes y que divertían a otra generación, como Polo Polo y otros comediantes que todavía se dedican a eso, y no se les demerita, ellos comenzaron con el Stan Up y son unos maestros, pero yo creo que el sentido del humor de las nuevas generaciones ya no se conforma con el ‘una vez estaba Pepito…’ No, ya no se conforma con esos chistes ya busca también – y esto es muy importante- que el humorista conecte con ellos. Que haya una empatía.

Lo que hacen los comediantes del Stand Up es que, además de hablar de sus situaciones personales, conectan con su público porque ellos se identifican, pero además tenemos la fortuna —porque eso ya se había hecho con otros comediantes como Palillo— de tener la posibilidad de hablar de temas de agenda. Cualquier comediante de Stan Up puede hacer una crítica con humor al gobierno, a las cosas afortunadas o desafortunadas que ocurren en el día a día y esta generación es lo que busca, está harta de que le cuenten un chiste que ya se sabe, quiere que lo sorprendan.

En la actualidad se tiene a un grupo de comediantes que acaparan la escena (Carlos Ballarta, Franco Escamilla, Ricardo O ́Farril) y no se diga de mujeres, hay muchísimas en esta industria. Cualquiera de ellos por sí mismo es una firma. ¿Cómo cambió esto la visión del negocio?

Cambió por el simple hecho de que nos hemos tenido que enfrentar a situaciones a las que, no es que dijéramos que nunca íbamos a estar ahí, pero necesitamos tener una organización totalmente estructurada. Esto es un negocio y hay que verlo como tal. Las personas que estamos atrás tenemos que ver esto como un negocio y, uno, enfrentarnos a marcas, hacer que el comediante a través de ellas pueda expresar su forma de comedia. Y dos, a las empresas o empresarios que están interesados en llevar a este tipo de comediantes a giras a los estados o fuera del país, debemos conocerlas bien. ¿Quiénes son las personas que nos van a contratar? ¿Quién es nuestro público? Eso se necesita para saber también qué es lo que estamos ofreciendo.

Hay que saberles ofrecer un show, es decir, incluirles una escenografía, un juego de luces, que no quede solo en donde una persona se va a parar a decir cosas. Esto es un espectáculo que se puede montar en grandes auditorios como lo hace Franco Escamilla en la Arena Ciudad de México, con un juego de luces, o como lo hace Sofía Niño de Rivera en el Auditorio Nacional, o como lo hicimos nosotros en el Teatro Metropólitan. Es decir, va creciendo y tienes que ir buscando más herramientas para enriquecerlo, para ofrecer un producto que sea entretenido, de calidad para las personas.

¿Qué tan grande es la industria del Stand Up en México y en hispanoamérica?

Pues mira, en Estados Unidos esto es un monstruo, con contratos millonarios aunque para los hispanoparlantes se está abriendo el mercado. Por ejemplo, Franco Escamilla está partiendo plaza en ese mercado, lo mismo que Fluffy (un actor, guionista y productor estadounidense de origen mexicano).

Nosotros tuvimos la oportunidad para llevar el show e irnos a hacer gira a los Estados Unidos y fueron muy sinceros los empresarios de allá y nos dijeron: miren, para el mercado gringo va a ser complicado que ustedes lleguen y la hagan, pero el mercado latino en Estados Unidos es vastísimo. Obviamente sí hay mercado, sí hay venta de boletos, la gente está ávida de ir a pagar un boleto de 10 o cinco dólares para ir a ver a un comediante hispanoparlante. Y aunque tenemos desventaja en la parte financiera, porque no podemos darnos el lujo de cobrar un boleto como lo cobraría un local, tenemos que ajustarnos.

¿Ajustarse? ¿De cuánto estamos hablando?

Mira, aquí en México tenemos la ventaja de llevarnos un 50 por ciento de las ganancias mientras que en Estados Unidos solo nos llevamos un 25 o 30 por ciento de las ganancias de un escenario como el Improv, en Hollywood, con 300 o 400 personas. Aquí en México, el escenario más grande fue el Metropólitan, con un aforo de tres mil personas.

¿Qué tanta diferencia hay entre el humor en México y Sudamérica?

En la parte de la comedia hay que hacer ciertas adecuaciones al lenguaje, mientras que en la parte económica todavía no estamos en la posibilidad de llegar a Argentina y poder hacer un show en el teatro Rex, con una asistencia de mil personas.

Vamos a ir a Chile, Ecuador y Perú con una asistencia calculada en 400 personas en cada uno, excepto que en Chile nos arriesgaremos para buscar una audiencia de 700 personas. Aunque en este último país y en otros de Sudamérica, tenemos el inconveniente de que están pasando por cambios de gobierno y cambios financieros y estamos batallando muchísimo con la venta de boletos. Es decir, la política afecta la industria del entretenimiento y aunque no se va a cancelar, sí se va a tener que cambiar la fecha de la presentación para obtener parte de lo que esperábamos y esto también nos pasó hace tiempo en Venezuela, por los levantamientos armados el año pasado.

Hace dos años nos arriesgamos y fuimos a Europa, específicamente a España, Francia y Alemania, lugares donde todavía no había una gran apertura, pero decidimos ir por nuestros medios para, como decimos en este mundo, pisar plaza y este año tenemos también presentaciones internacionales pero ya contemplando ir y generar ganancias.

Y en México es lo mismo, fuimos a Chihuahua, fuimos a un bar, lo llenamos, luego hacemos dos fechas más en ese bar, lo llenamos y ese bar nos queda pequeño. Ya podemos presentarnos en un teatro para 800 personas.

Aunque suene muy cliché, esto no es una carrera de velocidad, esto es una carrera de aguante y de hacer movimientos certeros.

¿México es un referente del Stand Up en hispanoamérica?

México, a raíz de que las televisoras comenzaron a realizar programas de Stand Up, se ha colocado como —esto que yo detesto decir— “un trampolín” y comediantes de otros países han venido a hacer sus presentaciones aquí, compañeros de Colombia, de Venezuela y es curioso: las primeras presentaciones de comediantes latinoamericanos que no fueran de México, se grabaron aquí en México y después estas cadenas televisivas que hacen los especiales vieron que funcionaba y de ahí comenzaron a grabar en sus países.

Otro ejemplo de ello es Netflix. Sus primeros Stand Ups de habla hispana fueron de mexicanos. El primero fue con Richie O ́Farril y luego Sofía Niño de Rivera y el tercero con Carlos Ballarta. Entonces, creo que sí se puede decir que nuestro país es para Latinoamérica, para hispanoámerica, para la comedia de este tipo, “la meca”.

A qué atribuyes que personas como Carlos Ballarta o Franco Escamilla tengan éxito en otros países como España o Argentina con un lenguaje típico de México?

No solo es el lenguaje, es adaptarse a toda la idiosincrasia que tienen ellos. Por ejemplo, fuimos a dar un show a Ecuador, es decir, un país de Sudamérica y Carlos Ballarta en su espectáculo trata temas como el aborto y Dios y en una ocasión hizo una mofa sobre Chespirito y cuando él soltó ese chiste se hizo un silencio total en lugar, de esos silencios incómodos.

Más tarde esa anécdota Carlos la incorporó a su rutina donde dice que esos canijos se rieron del aborto, de Dios pero no me les toques a Chespirito. porque entonces arde Troya, porque es su ídolo.

Tenemos que estar al tanto de lo distinto de ese lugar, la situación política, la económica, la cultural; debemos de tener una sagacidad para hacer uso de lo que a ellos les gusta para poderlo incorporar. Y lo mismo pasa en el interior de nuestra república, cuando les haces un chiste de su estado, ya los tienes.

En los Estados Unidos el Stand Up tiene una larga presencia. Estrellas como John Legizamo, Ellen DeGeneres, Jerry Seinfeld lo hacen. Pero en el caso mexicano las figuras dominantes eran desconocidas hasta hace poco.

Es complicado para los desconocidos, y tampoco quiero irme a la chillona de que empezaron desde abajo, pero básicamente sí fue un grupillo que inició en un lugar como este, el 139 (Condesa, Ciudad de México). Aquí hay otra gran ventaja que tiene el Stand Up, que fue entrarle al ‘hazlo tú mismo’ y las redes sociales fueron importantísimas para la difusión de su trabajo, de sus presentaciones.

Han habido casos de personas famosas, como actores o conductores que ya son reconocidos, que llegan a hacer una presentación y a veces la recepción que tienen no es la que esperaban y aunque vienen personas a verlas, porque son reconocidas, su desempeño como comediantes dista mucho de lo que se espera de ellos.

Otra cosa es que cuando Televisa ve que hay un mercado comienza a jalarlos, lo mismo con Comedy Central. Pero incluso cuando estamos a mitad de todo esto, la gente llegaba a pensar que quienes se paran aquí al frente iban a contar chistes y no es así, no sabían que esto es algo así como comedia de autor, que no tiene nada que ver con lo que conocimos con Jorge Ortíz de Pinedo o Teo González y otros más. Esto fue un proceso largo y puedo decir que todavía está desarrollándose y ya estamos en ese punto donde Alex Fernández hace comerciales, donde Carlos Ballarta ya tiene un Netflix.

A mí lo que en realidad me gusta de esta escena es que ellos no se esperan o no se han esperado para generar su contenido. Por ejemplo, esto del podcast donde se hace algo en el ínter entre presentación y presentación y luego ya todos lo adoptaron para no perder vigencia. Y siguieron con sus videos en YouTube, en Instagram y de ahí comenzaron a llegar las marcas que se interesaron en ellos. Y porqué no decirlo, cada uno tiene sus seguidores. Mucha de la gente que nos sigue es porque nos ven morenos, porque hablamos de que viajamos en el metro, porque se identifica con nosotros.

¿Qué tanto está abarcando el Stand Up la industria del entretenimiento?

Yo creo que estamos en un 80 o 90 por ciento de la industria porque, mira, ya hay películas con comediantes del Stand Up, ya pisamos lugares como el Metropólitan, ya estamos dentro de la publicidad pagada, estamos en radio y te lo pongo así: ya hay mercancía de comediantes. Nosotros ya tenemos una página donde vendemos playeras, pins… no puedo decir que estemos en un cien por ciento pero vamos a pasos rápidos.

Antes decíamos que cuando ya hubiera piratería de nosotros ya la habíamos hecho y mira, ahora ya hay piratería de nosotros, de estos cuates que se paran en un escenario y se dedican a hablar de ellos durante una hora.

¿Por qué uno pega y otros no, que debes tener para encontrar el éxito en esto?

Debes tener autenticidad. Aquí no se busca hacer un personaje. En lo que llevo en esta industria he visto a muchos jóvenes que se suben queriendo ser Sofía, queriendo ser Carlos. Yo creo que esto es complicado pero hay que buscar ser una voz y ser fiel a lo que vas a decir. Si vas a hablar de que te cagan los judíos pues sin temor, si vas a hablar en contra del gobierno, lo mismo. Siempre buscando la autenticidad, la espontaneidad, no buscar ser alguien más.

Obviamente si eres músico, pues escuchas música. En la comedia igual, si quieres ser comediante, pues ves a Palillo a Tintan a los cuenta chistes como Polo Polo o como Alfonso Zayas y con las herramientas que ya tenemos pues buscas comedia internacional y no te quedas con los gringos, buscas escena en España, en Argentina. Te llenas, escribes y escribes. Escribes tu rutina y la practicas y la modificas. Prueba y error.

¿Qué tan bien se puede vivir del Stand Up?

No hay rockstarismo. Carlos Ballarta y Coco Celis viven una vida completamente normal, y aunque ya no tenemos trabajos alternos porque nos dedicamos totalmente a esto, hacemos videos, podcast… yo antes trabajaba en gobierno y de broma digo que trabajo más aquí que cuando trabajaba en el gobierno y sí le gano un poco más, pero sobre todo, y dejando de lado los clichés, hago algo que me gusta.

¿Hay géneros en el Stand Up?

No son propiamente géneros, son temas que se manejan y estoy en contra de que digan que esto en una catarsis personal. Obvio en un principio cuando empiezas, hablas de cómo te va en la feria. La gran virtud es poder ridiculizar tu persona, tienes la capacidad de poner en tela de juicio, a través de la comedia, temas de la agenda; poner disyuntivas de qué está bien y qué está mal.

Hay un documental que yo recomiendo. Se llama That ́s not funny. Te plantean esta situación de si está bien o mal el hacer chistes sobre una violación, sobre el racismo o sobre estos temas que ahora están muy castigados y te da muchos tips, pero sobre todo te dice que debes de tener la sagacidad para hacerlo, porque uno puede decir como comediante que violaste a alguien y eres tachado de incorrecto. Pero si tienes la sagacidad de meterlo con un tercero, como una hipótesis, puedes lograrlo sin ser incorrecto.

¿Existe una ética en este género?

Se puede hablar de todos los temas, pero hay que tener la inteligencia para hacerlo de una manera que se vuelva un generador en las personas, que hagas que ellos los analicen.

12 de marzo de 2020.

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