Tania Benítez: El cine para cambiar vidas

“La verdad todo fue un accidente porque yo no vengo de una familia de cineastas”. Foto: José Manuel Ruiz.

Antes de alcanzar los 30 años produjo cintas que además del éxito comercial, la llevaron a Cannes. En México, dice, la escena está puesta para que la mujer se afiance como cabeza de la industria.

Por Nallely Rayas

Tania Benítez descubrió en el cine un canal a través del cual pudo enviar un mensaje a las personas no solo de México, sino del mundo. Esa meta la llevó a cruzar fronteras y ser la primera latina menor de 30 años en ingresar en el Producers Guild of America (PGA), el gremio estadounidense cuya selección de películas regularmente ganan los premios Oscar.

En entrevista con Líder México, la Revista del País, la productora de cintas como Vuelven y la Boda de Valentina, cuenta porqué es importante para ella hacer equipo con Hollywood y lo que le falta a la cinematografía nacional para consolidarse, más allá de los estrenos de cada fin de semana.

Eres la primera latina en ingresar a un grupo importante de productores en EU, pero ¿cómo empezó esta pasión por el cine, por producir, por sacar historias?

La verdad que todo fue un accidente porque yo no vengo de una familia de cineastas. Mi papá es cirujano y mi mamá es psicóloga. Estudio comunicación con el único sueño de que me paguen por hablar. Yo decía: “Creo que en comunicación (chasquea los dedos) es la carrera correcta”. Yo veía que muchos de mis compañeros eran unos apasionados del cine, hipercinéfilos, pero la época en la que yo empecé a tener contacto con el cine mexicano retrataba una sola realidad y no es una con la que yo me identifique.

¿Qué películas veías, de cuál época?
El cine de la época de oro no me gustaba porque era el que veías en casa de los abuelos; me refiero a las realidades súper crudas, ya sabes, del mundo de (Carlos) Reygadas, de este mundo de cineastas que si bien retratan una realidad, que es cierta, creo que no es la única. Me molestaba mucho ver el cine plagado de groserías y de modelos que para mí no eran el México en el que yo crecí, ni lo que yo pensaba que era un valor familiar o femenino. Eso no me representa. Pero tuve la fortuna desde muy chica de viajar al interior del país, pues fui muy cercana la artesanía. Decía, “nos falta todo eso”, y no necesariamente está peleado con el cine que nos gusta ver a todos y el poder de retratarlo. En las prácticas profesionales universitarias, que uno cree que no sirven para nada (ríe) pero que te llevan al lugar correcto, empecé a trabajar en Filmadora Nacional cuando estaba recién formada con Marco Polo Constanzo y con Marcelino Rodríguez. Era 2010 y me tocó que mi primera película (donde colaboró como becaria), Después de Lucía, conecta conmigo y al mismo tiempo decía: “los festivales Internacionales de los que yo no sé nada están interesados en verla y la gente también”. Se volvió un caso extraordinario, que también conectó con las audiencias. Las escuelas mandaban a los niños a verla. Creo fue cuando hallé que el cine también conecta con este llamado de que ‘yo tenía de cambiar vidas’.

Me toca una generación de cineastas extraordinaria en la que está Luis Fernando Rosas, Michel Franco y Gabriel Ripstein, esta generación que tiene influencia de las dos partes, no solo el cine de autor sino una inspiración por querer volverlo industria. Es el momento que a mí me toca y en el que me enamoro total y absolutamente del cine. Me dije que esta es la mejor herramienta posible para abordar todos los temas y es el momento correcto de intentar entrarle también, convertirme en estos personajes que yo admiraba total y absolutamente. Mi mentor ha sido Marco Polo, que tiene una experiencia brutal en el cine americano.

Veo que sigues lo pasos de tu mentor al hacer mancuerna con actores estadounidenses. ¿Por qué es importante para ti?

La diversidad es la puerta directa de la inclusión, yo creo que hay que aprovechar que existen esos puentes y no vivir aislados o esperando modificar únicamente a nivel local las condiciones de la industria para poder hacer cine que tenga mayor potencial. Muchas veces se ha aprovechado desde Estados Unidos el talento que existe en México, pero creo que el abrir las puertas y decir que hay valor de los dos lados es algo que nos conecta y que ya estamos muy mezclado a nivel cultural y justo “La boda de Valentina” fue un proyecto que permitía esto, lo permitía desde la comedia. Al final del día no somos tan diferentes y creo que se puede dar con todos los países. Actualmente llevo la producción de un grupo que se llama Three Media Group que es la compañía hermana de Diamond Films, que opera en Latinoamérica, España y Portugal y es parte de lo que se está buscando, conectar a los países, conectar al talento. Al final todos queremos lo mismo, que es conectar con las audiencias.

¿Cómo ha respondido el público estadounidense a tus producciones?

Justo tuvimos la fortuna de estrenar (en 2019) “Vuelven”, en Estados Unidos. Fue un fenómeno espectacular, incluso mayor del que habíamos tenido en México. Aquí tuvimos el mal timing de estrenar al mismo tiempo que “Coco”, entonces un fenómeno mata a otro. Pero creo que las audiencias en los Estados Unidos reaccionaron muy bien a la película, siendo también un filme duro que al final conecta con algo que es también tremendamente humano. Lees las críticas y escuchas al público; están ávidos de ver algo distinto porque justo ahí entra que al tener algo distinto que ofrecer y comunicarlos correctamente se vuelve un punto de vista completamente diferente, es lo que logra que se rompan las barreras.

Con esta exacerbación del racismo en los Estados Unidos, ¿has tenido algún problema con tus producciones?

No lo he sentido en lo personal. He tenido la fortuna de encontrarme con gente que ama lo que hace, que ya no se están deteniendo en poner esas barreras. La razón por la cual a mí me interesó participar y aplicar en el PGA, es que creo que hay muchas políticas que pueden replicarse en términos de inclusión, en términos de género, que son causas importantes para mí.

¿Cómo ves el papel de la mujer en la industria cinematográfica en México?

Creo que falta mucho por recorrer pero también creo que todo lo que es el empoderamiento femenino como lo conocemos es muy reciente. A veces se nos olvida porque en mi generación crecimos con este discurso, con este movimiento, con estos derechos que se dan por hecho. Entonces falta por hacer, hay espacio para muchas más mujeres y no únicamente en la producción o en la dirección sino también en la fotografía y en cada una de las cabezas de departamento que existen, porque una vez más, va más allá del género, es una cuestión de decir cuál es tu voz.

¿Cómo ves el tema de la cultura?

Complejo, hay muchas cosas que hay que analizar, en términos de cine en particular. Ha habido una manifestación de las condiciones económicas del país que hay que ponernos a pensar hacia dónde queremos que la audiencia, con la realidad que tiene, tenga la posibilidad de seguir acudiendo a un espectáculo como es el cine. Tenemos una responsabilidad tremenda hacia la gente de hacer que valga la pena cada una de estas decisiones que se hacen en la industria. Creo que se ha perdido un poco el foco en una causa que se ha venido trabajando, que es la economía naranja, donde al final los recursos son inagotables cuando haces cultura y cuando haces arte y cosas que vienen de la propia intelectualidad. También se vuelve un motor de inclusión de mucha más gente que no tiene la po-
sibilidad de estudiar. Se ha perdido ese valor donde no necesitas tener reservas petroleras, no necesitas minas, no necesitas tener millones de condiciones o las reformas para volverlo una industria. Se ha perdido ese valor en una cadena que sí genera muchísimos empleos, crecimiento económico importante y se ha dejado de medir con la seriedad que podría volverlo un eje de acción. Esa sería la apuesta correcta, hacer las paces en la que la economía no está peleada con la cultura y no es una cuestión de decir “vamos a vender nuestra materia prima cultural”, sino démosle el valor que tiene con la capacidad de llegar a donde tenga que llegar.

¿No hay pretextos?

Yo creo que no, al final el talento existe. La inversión va más bien en el tipo de educación que le das a la gente que se quiere dedicar a esto para poderlo capitalizar, que es una de las cosas que pesa mucho cuando decides hacer arte.

México era potencia en la época del cine de oro. ¿Actualmente cómo lo calificas?

Nos falta dar ese paso para que se vuelva industria toda la parte que esta desprofesionalizada, refiriéndome a la falta de ciertos estándares que nos lleven a poderlo medir mejor, porque si creo que hay directores espectaculares, productores prolíficos que están haciendo cosas que uno no se imaginaría que tan lejos están llegando. También a nivel de distribución y de inversión privada existe el interés, tenemos que lograr que no se quede en “un momento” donde había producciones extranjeras que estaban interesadas en llevar a cabo series con ese nivel de calidad como Monarca. Tenemos que lograr ese paso y volverlo un hábito de consumo, donde justo los proyectos grandes puedan pagar los proyectos chicos y sea un círculo para todos.

¿Cómo ves la recepción de las actuales producciones nacionales entre el público?

Muchas veces pecamos al cansar al público teniendo estrenos cada semana o dos, en las que uno no entiende de qué se tratan o todas se ven iguales. Hemos saturado al mercado de ello.

¿Esto se debe por la competencia con la industria estadounidense?

Creo que ya va a ser inevitable que haya películas cada fin de semana justo por el crecimiento que está teniendo la industria. Al final hay cine para todos. Ves el tour de cine francés y lo mismo, ves el tour de cine judío y tiene un público espectacular; es decir hay voluntad del público de verlo, lo único que a mí me sigue destacando del segundo semestre de 2019 es el bajón en general que hubo en el cine, no solo en México sino en Latinoamérica, por cómo están las condiciones y las crisis en cada uno de los países que la conforman. Hay incertidumbre por parte de la gente de qué va a pasar, qué vamos a hacer, los gastos en dónde están; se vuelve un lujo que no debería ser el ir al cine.

¿Cómo ves al país para tus proyectos?

Yo soy una creyente del país. Adicionalmente colaboro con una comunidad que se llama Global Shapers del Foro Económico Mundial, cuya misión es hacer de México un país mejor, cambiando una persona a la vez. Yo soy una de esas románticas que cree en ese cambio. El país necesita de una sociedad civil unida. Una persona no cambia un país desde un puesto. Ya basta de tener división, nosotros en los Shapers tenemos justo una frase que sería algo que podríamos replicar: si eres un barista, sé el mejor barista que hay y conviértete en alguien que enseña lo que sabes hacer y habrá alguien que lo aprenda y continúe.

¿Aspiras a llegar a Cannes, a la Berlinale?

Sin duda, en toda aquella comunidad donde te puedas ir incluyendo. Hemos tenido la experiencia a raíz de mi primera película que estuvo en Cannes. Sin duda una de las metas es llegar con la película que esté produciendo a esos mercados y a mediano plazo sería lograr una producción que integre al menos tres continentes, me encantaría. La experiencia de “Vuelven” fue muy especial, la presentamos alrededor del mundo. Veías que en todos lados se desaparece gente, en todos lados hay pérdidas y en todos lados hay estas divisiones en donde dices: “Hablemos de esto, hablemos de cómo nos está doliendo lo mismo sin importar que tan diferentes somos”. Si no habla-
mos el mismo idioma, entonces ojalá se encuentre en este tema algo que logre comunicar en los distintos países.

Cada uno de nosotros nos podemos convertir en un líder y buscar ser mentor de alguien y al mismo tiempo pedir la ayuda cuando no se puede. Creo que nadie puede solo, incluso en este logro hay cientos de miles de personas que lo hacen posible, que también tienes talentos extraordinarios y hay que aprenderlo a reconocer, agradecerlo y buscar llevar a alguien más. Cuando alguien te lleve a este punto o a esta meta tienes la obligación de hacerlo por alguien más, que eso no se nos olvide.

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