Tenoch Huerta: el arte de exorcizar demonios

Entre sus personajes el actor ha encarnado a Zapata, Blue Demon y Caro Quintero.

Para el actor que ha interpretado a Zapata, Blue Demon y Caro Quintero, la reconquista cultural del territorio perdido en tiempos de Santa Anna puede verse en las calles de una ciudad como Los Ángeles, en donde el español y los tacos han sentado sus reales. A media filmación de la saga de The Purge, que estelariza junto a la también mexicana Ana de la Reguera, ofrece su visión sobre la compleja realidad del país, del arte y la cultura en el marco de la 4T.

Por Carlos Diaz Reyes.

“El arte que ofrece respuestas no es arte, es propaganda”, dice Tenoch Huerta, en llamada desde Los Ángeles. Se encuentra allá filmando la quinta película de la saga de terror “The Purge” (“La Purga”), la cual protagonizará junto con Ana de la Reguera. Estará en esa ciudad por siete semanas y media, el mayor tiempo que ha prevalecido filmando una producción extranjera. Pero, a pesar de ser una franquicia de un género que podría parecer limitado, no deja de ser como muchas otras cintas donde ha trabajado el actor mexicano: un cuestionamiento a la sociedad y una forma de purgar nuestras inquietudes y dolores.

En esta ocasión, tiene la misión de representar a los latinos en Estados Unidos en más de un sentido, formando así parte de lo que considera la reconquista de los territorios del sur de ese país que pertenecía a México.

“La Purga” se compone de cuatro cintas y una serie de televisión. La primera parte se estrenó en 2013 y todas cuentan distintas historias, ubicadas en un mismo contexto: un Estados Unidos ficticio, donde, por una noche al año, todos los crímenes son permitidos de manera legal, con la intención de desahogar la maldad y mantener una aparente paz durante el resto del tiempo. Esta saga no tiene miramientos para hablar de temas político-sociales de actualidad. En sus tramas han tocado temas como el racismo, la lucha de clases y hasta Donald Trump y la campaña presidencial en la que participó. Para su próxima producción, a estrenarse en algún punto de 2020, se enfocarán en los migrantes latinos.

Adecuadamente, no sólo los protagonistas son mexicanos sino que el director es Everardo Gout, también originario de este país. “Una aproximación que hay hacia la peli es que sea, obviamente respetando al género y respetando todo por lo cual la franquicia existe, pero sí hay un acercamiento más íntimo hacia los migrantes”, adelanta Tenoch.

A pesar de estar en otro país, se encuentra rodeado de mexicanos, no sólo su director, el fotógrafo y los actores, sino los millones de habitantes de Los Ángeles que lo hacen sentir como en casa. “Hay una cosa que tiene que ver con la representatividad de la que se han percatado muy bien aquí en los Estados Unidos, a la que empiezan a hacer caso y a voltear: a no ignorar esta fuerza, no solamente de trabajo, sino económica, de pensamiento, de valores culturales, morales, éticos, religiosos, que es la comunidad latina, particularmente la mexicana, que es la más grande; 55 millones de mexicanos de este lado, algo así. Se están dando cuenta de este inmenso poder y presencia que tiene la comunidad”, asegura.

Cabrones culturales
“Yo no me inserto en el contexto de migración en los términos dramáticos y desgarradores, que es la migración por motivos económicos, por motivos políticos o motivos de violencia. Mi migración es voluntaria y desde privilegios”, explica el actor. “Entonces, que de pronto me abran el espacio y me den chance de ser parte de esta historia y ser parte de esa voz, a mí me honra profundamente y me llena de alegría y espero poder estar a la altura”.

Esta no es la primera vez que Tenoch es el rostro que representa a los mexicanos. No sólo ha interpretado al hombre común en distintos estratos y contextos, sino que se ha metido en la piel de auténticos íconos del país, como Emiliano Zapata para la serie “El Encanto del Aguila” (2011), Blue Demon para la serie homónima y hasta Rafael Caro Quintero en “Narcos: México”. Un héroe revolucionario, un luchador y un narcotraficante, tres figuras complejas que reflejan distintos rostros del país.

“Creo que la identidad mexicana, más allá de la pantalla, la vida en la calle, es poderosísima”, dice. “Somos una potencia cultural. En México se han asentado dos de las ocho culturas madre de la humanidad, que son culturas que se desarrollaron así mismas sin influencia de alguna cultura grande. Son la cultura tolteca y la maya. Eso nos da una historia, con sus variantes, con sus adhesiones y con sus pérdidas, pero es una historia casi ininterrumpida de aproximadamente 6 mil años. Desde el cuatro mil antes de Cristo ya hay ciudades en la Mesoamérica. Eso nos habla de una profundidad, de un espectro histórico tremendo que nos da una cultura poderosa y culturalmente estamos muy cabrones”.

Si Donald Trump quiere construir un muro es por miedo, comenta. Miedo a una conquista cultural. “No tarda en que México reconquiste culturalmente los territorios perdidos. Culturalmente sí que tenemos una presencia fuerte. Acá el que no hablaba español, lo entiende y no me refiero a los latinos, o a los mexas que están acá, no, me refiero a los güeros. Eso está cabrón”. La transformación de Estados Unidos en una extensión de México, ya está ocurriendo. Ya venden tacos en todos lados, hay salsas picantes, la comida de fondita está de moda, señala el actor.

“Obviamente todavía hay un sesgo bastante fuerte, acerca de la precariedad, la pobreza, la miseria, la violencia”, añade. “Seguimos siendo retratados de esa manera o, la otra, que son, por ejemplo, las comedias románticas, que es desde la banalidad, la frivolidad y el vacío intelectual. Pero el espectro empieza a ampliarse poco a poco, se empiezan a contar más historias, se empieza a tener una visión mucho más completa y compleja de lo que somos, incluso en los medios. Eso, poco a poquito, eventualmente llegaremos a contar historias de todos los géneros, de todos los sabores, colores y texturas”.

El joven que no quería actuar

Tenoch Huerta nunca quiso ser actor. Tuvieron que pasar muchos años y, cuando menos lo esperaba, se dio cuenta de que ya lo era. “Yo me volví actor porque mi papá me insistía que tomara talleres de actuación, a mí honestamente no me movía demasiado la idea”, confiesa. Incluso tiene reservas en cuanto a llamarse a sí mismo “cinéfilo” durante su juventud. “Cinéfilo en el sentido de que me gusta el cine, sí, me gusta desde siempre. Cinéfilo en el sentido de ‘una amplia cultura cinematográfica con referencias inmamables desconocidas y crípticas’, no. Yo veía ‘Star Wars’, el cine de Spielberg. Hollywoodazos y películas mexas y películas de repente que me caían en las manos por ahí de la vida”.

Cuando piensa en el cine que lo marcó profundamente, le vienen a la mente cintas como “El Callejón de los Milagros” (1995), “Y Tu Mamá También” (2001) y “Stand By Me” (1986). Considera que tuvo una vida normal, tanto en su infancia como su adolescencia. Describe esos años como los de “un compa que vive en los suburbios de la Ciudad de México”.

Ese “compa” quiso entonces estudiar periodismo, pero fue su padre quien lo empujó más allá. Años después, la explicación que le dio ante dicha insistencia, fue sencilla: veía algo en él.

“Tomé talleres de actuación que me gustaron mucho. Yo estudié periodismo y en estos talleres de actuación conocí a mi mentor, Carlos Torres Torrija. Él fue el que me metió la idea en la cabeza de que podía ser actor, pero nunca estuve muy convencido de ello. De pronto sucedieron las cosas, hice un corto, hice esto, hice lo otro; a ciertas personas les empezó a gustar mi trabajo, me recomendaron. Una cosa llevó a otra”. En 2009 obtuvo su primera nominación al Ariel como Actor de Reparto por la cinta “Nesio” (2008) y un par de años después estrenó “Días de Gracia” (2011), dirigida justamente por Everardo Gout, quien actualmente lo dirige en “La Purga”. Aquella cinta por fin le otorgó el premio de la Academia Mexicana y lo llevó a varios festivales importantes. Sólo entonces supo que ya era actor.

“De pronto ya estaba yo en Cannes, por segunda vez, con mi primer protagónico de la vida”, recuerda. “19 minutos, una sala de dos mil 500 franceses de pie, aplaudiendo, llorando, gritando y dándonos una ovación maravillosa en ese año y yo estaba ahí paradito y dije ‘ay, cabrón, pues creo que soy actor’. Ya llevaba ocho años como actor, tenía una nominación en mi haber y yo todavía no me la creía. Nunca me imaginé ser actor. Cuando me sucedió, nunca pude pensar que estaría hoy en Los Ángeles haciendo una película, repitiendo con el director que me llevó a Cannes por segunda vez, el director que me hizo sentir que yo era actor”.

Gran parte de sus trabajos se enmarcan en mensajes sociales y sus posturas políticas son claras y fuertes. Ambas cosas van de la mano, aunque pudiera ser de una manera inconsciente. “Yo considero que sólo hago pelis que están entretenidas y ya. Unas mejores que las otras”, dice. “Pero, como el mensaje, pues no hay mensaje. El mensaje es la obra misma y hacer una peli chida.

Ahora el contexto en el que se insertan y las temáticas, pues son variadas y resulta que muchas cuestionan. Al final del día el arte es un gran signo de interrogación. El arte que ofrece respuestas no es arte, es propaganda. El arte propone preguntas y entonces más bien creo que los proyectos en los que yo he estado involucrado, han sido interrogantes”.

La Purga de contar

Su idea general del cine es muy clara: es un reflejo de las inquietudes y dolores de la sociedad. Por eso le parece “la estupidez más grande del mundo” la idea de que hace apología de la violencia al participar, por ejemplo, como Caro Quintero en “Narcos”, o en cualquier otra historia que narre realidades crudas. “Hablas de las cosas que te duelen. El arte es una gran pregunta que ayuda a extirpar nuestros demonios y para extirpar y exorcizar los demonios, lo dice el psicoanálisis, en el momento en que tú hablas de lo que te duele, en ese momento, esos demonios empiezan a diluirse. Primero los tienes que conjurar, para después empezar a entenderlos y a diluirlos y abrazarlos y a platicar con ellos”.

En México existen muchos aspectos que nos duelen y es la labor del arte presentar el escenario para hablar de estos temas. “Si nos duele la violencia en este momento en México, pues hablemos de violencia”, declara. “Lo que nos duele es que miembros de nuestra sociedad se hayan convertido en monstruos depredadores, no solamente de otros seres humanos, depredadores de la paz, del orden, de la tranquilidad, de la percepción de seguridad que tenemos como individuos en una sociedad (…) Esas personas nos duelen y también nos asustan, entonces son nuestros demonios modernos. Pero estos demonios se visten de seda y entonces tienen rostro humano, tienen voz humana y tienen corazón y tienen sangre y tienen carne y tienen huesos y tienen cabello, tienen afectos y tienen miedos, obsesiones, amores, toda la gama de emociones humanas”.

La verdadera apología a la violencia, considera, se encuentra en la realidad que nos rodea día a día. “Que un político esté libre después de haber robado, después de haber destruido la seguridad social de las personas y que esté libre y que además goce de su dinero y vaya por ahí por la vida, esa sí es apología del crimen. Porque estás honrando al criminal y de alguna u otra manera le estás rindiendo un homenaje, porque hasta lo haces respetable y aparece en la revista Hola, Quién y todas esas”.

Aprender a dialogar

A finales de 2018, México tuvo uno de los cambios más importantes de su historia política. Por primera vez un partido de izquierda hizo presidente a Andrés Manuel López Obrador. El primer año de su sexenio no estuvo exento de polémicas y, tras este periodo, Tenoch todavía guarda cierta confianza en el cambio, a pesar de que sabe que no todo ha sido perfecto. “Por un lado, creo que hay muchos errores. (por otro) Creo que hay muchísimos aciertos. Y lo que también creo es que hay una impaciencia que se entiende, que es lógica, por parte de muchos sectores”, dice.

Lo que considera peligroso son las reacciones de ciertas personas ante el nuevo gobierno, sobre todo aquellos que ven la situación desde un lugar de privilegios.

“Creo que hay una reacción virulenta, racista, clasista, potencialmente asesina y potencialmente violenta”, asegura. “Violenta, me refiero a que están clamando —y lo puedes ver en redes sociales— golpes de Estado, lo cual significa que el ejército iría a matar gente para deponer a un gobierno que fue elegido democráticamente con la votación más alta de la historia moderna. Eso me parece gravísimo. Entiendo por qué la impaciencia, pero no la justifico”.

Ante esta clara división de mentalidades en la población, Tenoch cree que el diálogo y la discusión son clave. Él considera muy dañino que nos hayan enseñado que no se debe hablar ni de futbol, religión o política, por ser temas en extremo polarizantes. “Le tenemos miedo a la confrontación, le tenemos miedo a contrastar ideas, le tenemos miedo a la disidencia, le tenemos miedo al que piensa diferente, le tenemos miedo al que cuestiona, le tenemos miedo al que se pregunta y al que te pregunta y al que te confronta y al que te encara y al que te dice: ‘no, señor, usted está equivocado’. Le tenemos miedo, no sabemos debatir. Entonces, como no sabemos debatir, nos vamos a los putazos”.

“¿Y eso en qué deriva?”, se pregunta. “En una sociedad que no sabe dialogar, que no sabe escuchar y que no sabe arreglar sus problemas”. Como tal, considera que se le debe exigir al gobierno y tiene bien claras sus ideas: el sistema instaurado con los otros partidos políticos que estuvieron antes al mando, requiere de una nueva visión. “Sí hay un montón de cosas que podemos, debemos, exigirle al gobierno. Creo que ha tomado una actitud un poco indolente de ciertos temas, hay un serio problema de cómo se comunican las cosas. Pero yo veo positivo el cambio de gobierno, yo veo muy positivo que se esté intentando algo nuevo, que se esté buscando otras estrategias, que nos estemos contando otra historia. Y que nos demos cuenta que este sistema que fue construido hace 40 años, en las escuelas de Boston de Estados Unidos, se está desmontando y está llegando a su fin, porque no funciona”.

El Arte necesario

La confianza y el entusiasmo del actor para el arte y la cultura en el 2020, está puesta en dos programas: Semilleros y Cultura Comunitaria. “Llevan estas manifestaciones culturales artísticas a comunidades que sufren de altos niveles de violencia, de altos niveles de marginación”, explica. “Y no nada más les llevan teatro y circo, sino que dan los talleres para que las comunidades recuperen los espacios públicos, para que los jóvenes se involucren en los talleres, para que hagan compañías de teatro locales o lo que sea. Y ellos sean generadores del contenido y no nada más meros receptores, para que empiecen a contar sus propias historias, para que recuperen los espacios públicos, para que se rehaga el tejido social, para que volvamos a confiar unos en los otros y para que los jóvenes estén en un lugar haciendo cosas que les ayudan a pensar diferente, a sentir diferente, a moverse diferente y actuar diferente”.

Tenoch considera que el arte no debe ser un lujo elitista, sino que se tiene que llevar a los sitios donde en verdad hace falta. Para ello espera que el presupuesto de cultura se aumente durante los próximos meses.

“Creo que sí debe de tener mucho más presupuesto la cultura, estoy totalmente de acuerdo con que el 1% del presupuesto de cultura se vaya a estos proyectos. Que el dinero que se necesita para cultura vaya directamente a donde hace falta, que son estas comunidades, con estos niños, con estos jóvenes que son quienes realmente lo necesitan. Pero si vamos a pedir dinero para montar obras de teatro inmamables en el corazón de Polanco o en el corazón de San Ángel, creo que hay algo que no hemos entendido”.

“Si vamos a llevar arte a Ecatepec, a Nezahualcóyotl, a Naucalpan, si vamos a llevar arte a Tierra Caliente, a Ciudad Juárez, a Veracruz, si vamos a llevar arte a donde hace falta, entonces estoy totalmente de acuerdo. Y me sumo como el más entusiasta de todos”. Entonces habrá talleres, como aquellos que él mismo tomó años atrás, cuando ni siquiera consideraba a la actuación dentro de su futuro. Él es entonces un ejemplo vivo de cómo este tipo de programas pueden cambiar las vidas, desde adentro hacia afuera y vice-versa.

El artista se nutre de su realidad y ayuda a modificarla. Hoy en día él ya es otro y este ciclo es para el actor una droga poderosa que ya no puede dejar. “No hay nada que me guste más que el breve espacio de tiempo que hay entre el ‘acción’ y el ‘corte’, eso para mí es el Nirvana, mi diálogo con lo eterno y en ese momento yo soy el tipo más feliz y pleno del mundo”, expresa. “Claro que es como una droga, al final del día una pasión no es una cosa más que una adicción. La única diferencia entre una adicción y una pasión, es que la adicción no deja nada bueno después y en la pasión por lo menos tratas de dejar algo detrás. Busco esa droga todo el tiempo, busco siempre estar trabajando en lo que me gusta, lo que me apasiona y así es. No he dejado de vivir mi pasión, ni de darme este gustito que se llama actuar”.

3 de enero de 2020.

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