Guerra, narcoterror y crónicas de cárteles

La violencia del “narco” contribuye al éxodo de mexicanos y centroamericanos.

Estados Unidos experimenta actualmente un momento histórico y complejo en medio de grandes divisiones al interior de su sociedad.

Por Guadalupe Correa

El presidente Donald J. Trump enfrenta un proceso de destitución (impeachment) y para el año 2020 se anticipa una agresiva campaña electoral donde está en juego la reelección de un líder muy controvertido que ha puesto de cabeza no solo a su país, sino al mundo entero. En este proceso electoral, pareciera que el tema de México será central de nuevo, pero ahora el enfoque podrían ser los denominados cárteles. Así Trump podría poner a trabajar su propaganda para la construcción de un muro y para beneficiar a su complejo fronterizo-energético-militar-industrial.

Los temas relacionados con los denominados cárteles, el Estado fallido y el narcoterrorismo se podrían colocar posiblemente en el centro del debate político en Estados Unidos durante la campaña electoral del 2020. Los efectos de dicha estrategia apuntan a una mayor presión para el reforzamiento de la militarización de México. Esto beneficiaría enormemente a Estados Unidos por ser una potencia armamentista. México será ahora la piñata perfecta, no solo de Trump, sino de los principales grupos de interés de ese país: las compañías productoras de armas, las otras compañías que forman el complejo fronterizo-militar-industrial y la industria de los energéticos. Así, podemos esperar un mayor enfoque y cobertura internacional de los temas ligados al narco y a la incapacidad del Estado mexicano para hacerle frente. Trump lo dijo desde los primeros días de su gobierno, cuando habló de la necesidad de ayudarle al gobierno de México y sugirió la acción directa de las agencias estadounidenses en territorio mexicano para acabar con los que llamó los bad hombres.

El escándalo de la liberación del hijo de Joaquín [“El Chapo”] Guzmán Loera en Culiacán y la masacre de los niños y mujeres mormones en la frontera norte (entre los estados Sonora y Chihuahua) resultan la excusa perfecta para forzar la mayor militarización de la seguridad y un recrudecimiento de lo que se llegó a denominar como “guerra contra las drogas” en México. Así se renueva, desde la Casa Blanca ahora, la idea de narcoterrorismo. Y en este contexto, el presidente Trump alimenta la militarización sugiriendo en su cuenta de Twitter que “a veces se necesita un ejército para vencer a otro ejército”. Estas podrían ser las crónicas de una nueva guerra contra el “narco” en México o, mejor dicho, de una nueva etapa de conflicto armado en el país entre paramilitares criminales y las fuerzas del orden.

En este sentido, México parece no tener alternativa. Los mensajes de Trump vienen acompañados por la propuesta renovada de grupos y políticos conservadores en Estados Unidos para clasificar a los denominados cárteles mexicanos como organizaciones terroristas —de forma arbitraria y sin atender a las definiciones formales de terrorismo internacional fuera y dentro de la Unión Americana—. Esta perspectiva se alimenta por la percepción de ‘un México narco’, de un Estado fallido, de narcoterrorismo. Este parece ser el México de Donald Trump que requería urgentemente de la ayuda de Estados Unidos para acabar con los bad hombres.

Cabe destacar que esta visión de México se comunica de forma extensiva en algunos medios de comunicación, redes sociales y plataformas electrónicas de información como el portal de noticias Breitbart -asociado a la ultra-derecha estadounidense (alt-right) y presidido en algún momento por quien fuera estratega en jefe de la Casa Blanca, Stephen K. Bannon. Vale la pena analizar la cobertura de esta plataforma (y principalmente la de su capítulo en Texas) pues parece reflejar bien la estrategia actual del gobierno estadounidense con México en el tema de la seguridad fronteriza y la cooperación anti-narcóticos.

En una entrevista realizada en 2017 con el editor de Breitbart Texas, Brandon Darby (Director de los proyectos de Frontera y ‘Crónicas de Cárteles’) y con el reportero principal para el capítulo estatal de esta plataforma, Ildefonso Ortiz, ya se anticipaba el debate que se mantiene ahora sobre la posible denominación de los llamados cárteles mexicanos como grupos terroristas. Este debate no es nuevo, pero según comentan los periodistas de Breitbart, se esperaba retomara fuerza con la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump. Esto no sucedió tan rápidamente como se pensaba, pero la idea fue tomando forma al final del tercer año de esta administración estadounidense.

Reproduzco aquí la entrevista que realicé en este entonces a los representantes de Breitbart Texas. Aquí se puede vislumbrar la “guerra” que importantes grupos de interés en los Estados Unidos esbozan en México. Esta conversación resulta muy reveladora. Vale la pena leer esta entrevista con mucho cuidado pues pareciera ser que las ‘Crónicas de Cárteles’ de Breitbart anuncian una nueva guerra en México.

EL EQUIPO DE BREITBART TEXAS Y LAS “CRÓNICAS DE CÁRTELES”

El proyecto de Breitbart Texas inicia a principios de 2014 y es fundado por Brandon Darby, un personaje extremadamente controvertido, quien fuera en un momento activista de izquierda, informante del FBI y amigo personal del fallecido fundador de Breitbart News, Andrew Breitbart. Darby se cataloga a sí mismo como activista de derechos humanos cuyo trabajo ha sido inspirado por cuatro mentores, dos de ellos de ideologías diametralmente opuestas al otro par, pero que comparten una sola mística de rechazo a las élites en los Estados Unidos: Robert King Wilkerson y Malik Rahim, destacados miembros del grupo nacionalista de ultra-izquierda afroamericano de las Panteras Negras (Black Panther Party); y dos representantes del grupo de ultra-derecha alternativa que encabezan—o encabezaron—el proyecto de Breitbart a nivel nacional, Andrew Breitbart y Steve Bannon.

En junio de 2014 Bannon y Darby se reunieron en el restaurante Costa Messa en McAllen con el muy conocido periodista del Valle de Texas, Poncho Ortiz, quien llevaba ya cubriendo por varios años (desde 2008) los temas de crimen organizado y narcotráfico para los periódicos The Brownsville Herald y The Monitor. Ortiz fue integrado entonces al equipo y entre los tres hombres crean ese mismo día, después de una “lluvia de ideas” (o como dice Ortiz, “un poco de brainstorm”), el proyecto denominado Crónicas de Cárteles, cuyo objetivo fundamental era enfocarse “en los verdaderos monstruos”: los cárteles mexicanos, quienes a decir de Bannon, controlaban, por ejemplo, la ciudad de McAllen, sus espacios de recreación, hospitales, escuelas, etcétera, y contaban con total libertad de operación gracias a “un pacto” en sus propias comunidades del Sur de Texas [escuchar episodio 615 del programa de la radio pública estadounidense This American Life titulado “El Comienzo del Ahora” (615: The Beginning of Now)].

¿Cuál es la misión de Breitbart Texas? ¿Cuál es el planteamiento principal y los objetivos que ustedes tres tuvieron en mente cuando crearon el proyecto denominado Crónicas de Cárteles?

Darby.– Yo fui amigo personal de Andrew Breitbart antes de que muriera y tenía un gran interés en cubrir Texas. Soy amigo también de Steve Bannon, a quien considero uno de mis mentores, y fue él quien me apoyó para fundar la sección de Texas para Breitbart a finales de 2013, principios de 2014. Nosotros aquí […] somos los únicos que cubrimos la frontera para Breitbart News. Lo hacemos para ayudar a los mexicanos en esta región proporcionando información, pues ellos han estado adoctrinados por 100 años y no cuentan con recursos. Sus comunidades están dominadas por grupos de narco-paramilitares que mantienen silenciados a los medios de comunicación.

Ortiz.– En efecto, nuestro objetivo era enfocarnos en los verdaderos monstruos: los cárteles mexicanos. Cuando uno habla de la frontera, por lo general los medios se enfocan en que el gobierno americano es “el malo” porque abusa y desconoce soberanías; o en que los agentes de la patrulla fronteriza son “los malos” porque tratan mal a los migrantes. Pero yo creo que el enfoque debería ser otro. En realidad, los “verdaderos malos” son los cárteles; ellos son los que violan, matan y cometen todo tipo de atrocidades. Los cárteles son, a su vez, alimentados por otros monstruos: los políticos mexicanos, quienes facilitan la operación de los cárteles y promueven sus actividades.

Nuestro objetivo inicial era enfocarnos en los tuiteros, periodistas locales y periodistas ciudadanos en situación de riesgo, quienes no pueden decir lo que pasa en las zonas controladas por los cárteles. Bannon me dijo entonces: “Contrátalos”, y pensamos entre los tres en la forma en cómo estas personas podrían contribuir y comunicar información real sin filtro. Partimos del supuesto de que la gente en México no tiene voz. En varias zonas del país, como en Coahuila y Tamaulipas, los cárteles controlan los medios de comunicación. En Tamaulipas el control es casi total. Para cuando empecé en Breitbart, yo tenía ya varios contactos en Tamaulipas, sobre todo en Reynosa y Matamoros. En el transcurso del tiempo, fui ampliando esa red; empiezo entonces a cubrir Coahuila para Breitbart y a reclutar personas a través de otras personas—muchas de ellas operando en los medios de comunicación informales y en las redes sociales. El grupo se va ampliando y así les vamos dando voz a “los que no tienen voz” en el norte de México, sobre todo en aquellos espacios donde no hay periodismo fuerte del lado estadounidense o periodismo libre del lado mexicano.

Al hacer esta labor, estamos conscientes de que el gobierno de México, así como los medios tradicionales (mainstream) de comunicación mexicanos y extranjeros crean contenidos que no reflejan la verdadera realidad del país. Un ejemplo de esto es el caso de la “masacre de Allende” en el estado de Coahuila. Los medios han llegado incluso a culpar a la DEA de lo ocurrido, y la realidad es que esta institución no tiene la culpa de que el gobierno mexicano sea tan corrupto. Los desaparecidos en esa masacre se cuentan por cientos. Los medios han subestimado el número de muertos, así como la magnitud de la tragedia pues se han enfocado en los primeros días al hacer el conteo de decesos. Sin embargo, parece ser que más de 300 personas desaparecieron, no solo en cuestión de días, sino incluso de semanas/meses y en una región más amplia que incluye a Piedras Negras y la zona de Cinco Manantiales. Este es solo un ejemplo de una gran tragedia humana provocada por los cárteles. El norte de México es una gran narco-fosa común.

EL CONTEXTO

¿Podría explicarme el contexto alrededor del cual surge el proyecto Cartel Chronicles y su visión sobre la situación de seguridad en la frontera?

Ortiz.– Sobre el contexto actual de seguridad en la frontera quisiera dar primeramente un ejemplo. Al llegar a Breitbart Texas, comencé a cubrir Coahuila. Pasamos tres meses en el estado y nuestra historia publicada el 8 de febrero de 2016 causó revuelo. Reportamos cómo Los Zetas usaron hornos clandestinos para ocultar un exterminio masivo en Coahuila y relatamos cómo aproximadamente 150 de las víctimas de la masacre de Allende fueron incineradas en el penal de Piedras Negras. Al realizar el reportaje, descubrimos que el origen de esto no resultó ser un hecho aislado sino una masacre que se extendió por semanas y quizás por meses. También descubrimos que el gobierno no tiene a la fecha conocimiento del número exacto de muertes ni de desapariciones. Existe aún temor por parte de algunas familias de denunciar lo ocurrido o de reportar la desaparición de un ser querido.

Al cubrir esta historia fue evidente cómo un cártel controlaba todo un penal con la complicidad de las autoridades mexicanas a todos niveles. También nos dimos cuenta de que la prensa mexicana no había cubierto este hecho apropiadamente y percibimos la actitud pasiva del gobierno estadounidense al insistir en tratar al gobierno mexicano como un socio, un amigo, un aliado, cuando en realidad estamos hablando de crimen organizado perpetrado dentro de las instancias públicas y de corrupción en los más altos niveles de gobierno. La masacre de Allende, Coahuila no es un hecho aislado en México. Recordemos los eventos violentos de los últimos años en Reynosa, Matamoros y San Fernando en Tamaulipas, o lo ocurrido en Cadereyta, Nuevo León en el 2012, en Veracruz y otras muchas zonas del país.

Si empezamos a sumar las muertes derivadas de estos desafortunados eventos podríamos pensar en un “narco-genocidio” del cual nadie quiere hablar. Todos se enfocaron en los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, pero no se quieren enfocar en lo que a todas luces parece ser una crisis humanitaria de grandes magnitudes, que involucra crímenes de lesa humanidad. Nadie quiere admitirlo, nadie quiere reportarlo, pero es una realidad. Percibimos entonces dos realidades alternas: la realidad que nos presenta el gobierno y los medios formales, y la verdadera realidad que nosotros en Breitbart Texas deseamos comunicar. Pensamos que tenemos en frente una crisis humanitaria, hacia la cual la misma ONU debería dirigir su atención. Y este es un tema que rompe barreras políticas y sobrepasa ideologías. No es una cuestión de izquierdas o derechas sino más bien una crisis de “Estado fallido”, donde las víctimas son miles de seres humanos.

En este escenario de violencia extrema y crisis humanitaria, lo que más preocupa es la enorme corrupción estructural que se manifiesta como el gran “cáncer” de México. Por ejemplo, pareciera ser que lo que más le hizo daño al ex-presidente (Felipe) Calderón no fue la narco-violencia, sino el hecho de que mayoría de los gobernadores, que eran priistas, lo dejaran solo. En realidad, los estados de mayor conflicto (Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León y Veracruz) en su momento eran estados priistas. Y dado el apoyo de dichos gobernadores a la expansión del crimen organizado en sus estados, pudiera decirse que ellos eran miembros del propio cártel o cárteles que operaba(n) en sus estados. Un caso muy concreto es aquel del gobernador tamaulipeco Tomás Yarrington -el cual ha sido cubierto ampliamente por Breitbart- quien enfrenta cargos en Estados Unidos por tráfico de drogas y lavado de dinero. En este sentido, este ex-gobernador, parece más bien ser un miembro activo del cártel y no simplemente alguien que se hizo “de la vista gorda”.

¿Cómo evaluarían ustedes las políticas actuales para resolver la problemática fronteriza en ambos países?

Darby.– Las políticas actuales para resolver el problema de los cárteles mexicanos son inadecuadas. Es preciso estudiar mejor las causas de raíz del problema del narco para proponer soluciones realmente efectivas. Asimismo, es necesario identificar a los verdaderos criminales: los políticos corruptos, los que facilitan el lavado de dinero y los abogados de los empresarios ilegales. Esto no se ha hecho bien. Estados Unidos tiene la Iniciativa Mérida y la mayor parte de la gente encargada de supervisar el gasto en este programa en el Departamento de Estado son burócratas desinteresados que no hablan español ni entienden bien la situación debido a las frecuentes rotaciones a las que están sujetos como miembros del servicio exterior estadounidense en México. Estos burócratas reciben información importante sobre las redes criminales, pero por consideraciones diplomáticas prefieren no ir por los “peces gordos.” Piensan que lo más conveniente políticamente es pasar por alto algunos crímenes y corrupción de ciertos políticos a fin de facilitar la relación bilateral en otras áreas. Así, las figuras clave en las redes criminales operan con toda impunidad y libertad y podría decirse que, en cierta medida, están siendo protegidos por personal del Departamento de Estado.

Bajo la Iniciativa Mérida parece ser también contraproducente operar de la mano de las fuerzas federales mexicanas. (…) Quizás sería mucho mejor interactuar selectivamente con gobiernos estatales. Muchas de la decisiones en materia de seguridad fronteriza en México son tomadas por las élites mexicanas que “comen tortas” en la Ciudad de México y no conocen la realidad de aquellos que viven en la frontera y sufren realmente la furia de los cárteles.

Ortiz.– Pienso que Estados Unidos debe cambiar la forma en la que apoya a México. A través de Plan Mérida nuestro país “regala” dinero a México para que luche contra los cárteles. Desafortunadamente, el dinero no llega a la gente que verdaderamente se encuentra luchando contra estos grupos. Los recursos que manda el Departamento de Estado a México no llegan a la gente que debería llegar; se pierde en la burocracia y en la corrupción de México. Lo mismo sucedió con el apoyo financiero proveniente de Estados Unidos para transitar hacia el sistema de juicios orales. Los recursos fueron enviados a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés) para apoyar a los jueces, pero se reportan en la práctica una serie de irregularidades y desvíos derivados también de la gran corrupción que prevalece en México.

La creciente colaboración en materia de seguridad entre Estados Unidos y México se ha ejercido en el marco de la denominada “guerra contra las drogas”. Sin embargo, en mi opinión, ésta nunca ha sido una guerra; en realidad ha sido simplemente una pantalla y una guerra solo de nombre. ¿A qué me refiero con esto? Si en realidad fuera una guerra, Estado Unidos tomaría un rol un poco más activo, más fuerte. Los bancos que le lavan el dinero internacionalmente a los políticos mexicanos y a los cárteles recibirían sanciones más fuertes, las cuales no se han visto aún; no tenemos a banqueros prominentes en prisión. Asimismo, habría políticos mexicanos enjuiciados en cortes internacionales por el exterminio de personas, pero esto tampoco ha ocurrido, ni está en proceso de ocurrir pronto según parece.

Otro grave problema es el generado por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) [ahora Trata de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá o T-MEC]. Si se considera desde el punto de vista del narcotráfico, el TLCAN [T-MEC] resulta ser un verdadero problema dados los miles y miles de camiones que cruzan la frontera todos los días y que no están sujetos al escrutinio de las autoridades aduaneras. Las autoridades de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés) solo pueden inspeccionar una mínima fracción de los camiones que pasan por los principales puntos de cruce fronterizo. Quien se ha dado cuenta de esto son los cárteles. La mariguana pasa por la cerca o por el río, pero la droga fuerte, es decir lo que verdaderamente deja dinero (como la cocaína, la heroína y las metanfetaminas) pasa por los puentes internacionales. Entonces, podemos decir que el TLCAN [T-MEC] ha ayudado a los cárteles a mover su contrabando. ¿Cuáles son las ciudades que han visto más violencia en los últimos años? Ciudad Juárez, Nuevo
Laredo, Reynosa; es decir, ciudades que han tenido los cruces más activos en cuestión industrial y son las plazas más peleadas por los cárteles.

En lo que se refiere al tema migratorio en Estados Unidos, políticos de ambos lados del espectro ideológico han ignorado la enorme problemática que se ha presentado en el país por varios años y no han implementado aún medidas efectivas para hacerle frente. El sistema migratorio de Estados Unidos es un sistema por demás disfuncional y nadie ha querido arreglarlo para que la “gente de bien” pueda venir para acá y al mismo tiempo prohibir que los cárteles, los criminales y aquellos migrantes con malas intenciones lleguen a la Unión Americana. Ese es el problema que nadie ha querido ver, que nadie ha querido resolver efectivamente. Tanto la cuestión migratoria como la problemática que relaciona al TLCAN [T-MEC] con el narcotráfico se siguen viendo como cuestiones diplomáticas, y no se han planteado a la fecha opciones viables con el objeto de no ofender a nadie. Así nunca se resolverán estos grandes problemas que requieren proteger a unos y que se enjuicie a otros.

¿Qué debe pasar para resolver efectivamente esta gran problemática en los temas de narcotráfico y seguridad fronteriza? ¿A qué le llamaríamos una verdadera guerra contra las drogas?

Ortiz.– Una verdadera guerra contra las drogas requeriría necesariamente clasificar a los cárteles mexicanos como grupos terroristas. No resulta descabellado comparar a un cártel con un grupo terrorista. Por ejemplo, al igual que ISIS o las FARC, los cárteles mexicanos tienen poder político, utilizan el terror para mantener su poder y utilizan el mercado negro para financiar sus actividades. Según estos criterios, hace sentido clasificar formalmente a los cárteles mexicanos como grupos terroristas. Así, las mismas leyes que sancionarían a un grupo como ISIS, sancionarían a un político que trabaja para Los Zetas o el Cartel del Golfo; las mismas leyes que prohíben que un banco le lave el dinero a ISIS, prohibirían que ese banco le lave el dinero a Los Zetas, al Chapo, o a Humberto Moreira. Si se declara a los cárteles como grupos terroristas se abriría un esquema totalmente diferente que facilitaría la identificación de políticos corruptos como miembros activos de los cárteles. Lo anterior implicaría ver al gobierno de México, bajo ciertas circunstancias y en lo que le corresponde en caso de brindar protección a estos grupos, como una organización criminal.

Lamentablemente, no va a suceder nada efectivo hasta que no tengamos a un gobernador mexicano en una corte federal por delitos vinculados a delincuencia organizada, narcotráfico y lavado de dinero. Si no hay consecuencias, la situación se va a mantener como hasta ahora. Hasta la fecha es claro cómo ni los políticos corruptos de más alto rango en México ni los verdaderos líderes de los cárteles, o empresarios criminales, han visto ninguna consecuencia efectiva de lo que han hecho todos estos años. Es preciso mostrar a los narcotraficantes, así como a los empresarios criminales y políticos corruptos que todo acto criminal tiene consecuencias. Hoy en día hay órdenes de aprensión en Estados Unidos contra gobernadores y alcaldes mexicanos. Sin embargo, Estados Unidos no ha utilizado su presión diplomática para que esas personas sean extraditadas. Cuando estas cabezas empiecen a rodar, el gobierno de México va a dejar de proteger criminales.

A las agencias de seguridad estadounidenses también les corresponde incrementar sus facultades, no solo en los aduanas y puentes, sino además brindar mayores apoyos a sus agencias de investigación e inteligencia (DEA, FBI, HSI, e incluso CIA). Al mismo tiempo, deberán brindarse más recursos a las cortes dado que algunas no cuentan con suficientes jueces. Sobre el muro fronterizo, puede decirse que este es un obstáculo más que dificultaría las actividades de los cárteles. Sin embargo, como estrategia, la construcción del muro es incompleta si no se refuerza con un mayor número de agentes, investigadores, fiscales y jueces.

Darby.– Es necesario dar a los cárteles una lección ejemplar a través de acciones concretas que desincentiven su presencia y sus acciones. Yo lo que haría sería tomar a un par de facciones de los cárteles del noreste de México (del Cartel del Golfo y Los Zetas, por ejemplo) y los declararía organizaciones terroristas pues “han cruzado la línea”. Así presionaríamos a aquellos que cooperan con ellos y principalmente a aquellos que tienen relaciones con estos grupos a los más altos niveles de gobierno. Así, los políticos y empresarios se empezarán a distanciar de ellos porque si no los podríamos incluir en una lista de vigilancia de terroristas (terror watchlist). Hacer esto hace sentido pues estamos hablando de organizaciones paramilitares que tienen control físico sobre importantes regiones de una nación. Estos grupos cuentan con vehículos blindados y armas de alto calibre que son incluso mejores que las del ejército.

¿Cómo ven las cosas al día de hoy?

Darby.– En los últimos años, la reacción por parte del gobierno estadounidense en contra de los cárteles mexicanos ha sido muy débil. Yo voté por Donald Trump pues creí en sus promesas y pensé que sus acciones resolverían verdaderamente los problemas de la gente que vive en el norte de México. Esto no ha pasado. Estoy muy decepcionado y triste, pues he vis-
to sufrir realmente a las familias de las víctimas de los cárteles en la frontera. He sentido el enojo y la desesperación de los padres que han perdido a sus hijas en manos de criminales quienes las han secuestrado, violado y asesinado. Me lastima todo esto. Bannon me prometió que antes de que terminaran estos cuatro años la administración Trump lanzaría una ofensiva sin tregua en contra de los cárteles.

Yo hubiera deseado que Donald Trump se involucrara, pero entiendo las complejidades y limitaciones derivadas del tema de las soberanías nacionales. Sin embargo, aún tengo la esperanza. Con nuestra cobertura estamos dando voz a muchas personas. Habrá una presión para el cambio ejercida por muchas voces.

¿Qué busca Breitbart Texas?

En efecto, los amigos de Breitbart, con sus cobertura e historias de crimen organizado y violencia en la frontera, parecen invocar una guerra. Pero desafortunadamente, las guerras son malas; solo traen violencia y muerte. Hace unos días, en una discusión vía Twitter, alguien le dijo a Brandon Darby lo siguiente: Brandon, tú te encuentras en una posición de tremendo poder e influencia. Tu pudieras hacer mucho bien si te mantuvieras firme en tus creencias. Pero tú invocas la guerra y creo que tú sabes exactamente lo que pasa como resultado. Si utilizas tus palabras y tu activismo de otra forma, tú podrías ayudar a mucha gente…@ElParece

Ojalá Brandon escuchara a @ElParece; pero en realidad, pareciera ser que ya es demasiado tarde. Seis años de historias manufacturadas de cárteles parecen ser las crónicas de una guerra anunciada en México. Si estuvimos siguiendo a Breitbart por todo este tiempo, o si simplemente leemos esta entrevista, entendemos bien la guerra que grupos muy poderosos han estado bosquejando en México.

*Guadalupe Correa-Cabrera es Profesora Asociada en la Universidad de George Mason (Virginia, EEUU) y se encuentra afiliada al Woodrow Wilson Center en Washington, DC y al Centro para Estados Unidos y México del Baker Institute en la Universidad de Rice. Es autora del libro Los Zetas Inc. (Editorial Planeta, 2018).

3 de enero de 2020.

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