Marisol Schulz Manaut: A donde lleven los libros

Ya casi todo está listo, faltan pocos días para la FIL 2019.

Licenciada en Historia por la UNAM, la directora de la FIL de Guadalajara ofrece un recorrido por sus años de aprendizaje, de cómo escaló hasta convertirse en editora de Carlos Fuentes, José Saramago, Arturo Pérez-Reverte y Mario Vargas Llosa. Y en la gran orquestadora de la segunda feria del libro más grande del planeta.

Por Carlos Diaz Reyes.

Las letras, todo comenzó ahí. Abrir un libro, una acción sencilla, casi trivial, la cambió para siempre. Tenía 11 años y sus manos estaba un tomo de “Robinson Crusoe” de Daniel Dafoe. Fue como si las letras salieran a chorros por las páginas, arrastrándola en una corriente salvaje, hasta la isla donde fue a dar el náufrago protagonista de la historia. Se quedó viviendo con él un rato, cuidándose de los caníbales y estrechando amistad con Viernes. Comió con ellos, durmió a su lado y logró subsistir en este sitio inhóspito por 28 años. Pero para la niña Marisol Schulz Manaut, solo habían pasado unos días, en realidad. No hubo desnutrición, ni su piel se vio afectada por el sol y la sal. Lo único que pasó fue que se volvió adicta a las historias de aventuras y que 45 años después se convirtió en directora de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

Nunca más volvió a soltar los libros. Las letras que salieron de la obra de Dafoe solo se fueron acumulando hasta inundarlo todo. Hoy está rodeada de ellas, en el centro del evento literario más grande de la lengua española y el segundo del mundo entero después de la feria de Frankfurt. Una labor que realiza desde 2013, erigiendo el mayor monumento posible a todos los autores que la fueron marcando, sin tiempo siquiera para sentarse a disfrutar de los eventos que ella misma organizó.

Ya casi todo está listo, faltan pocos días para la FIL 2019, que se llevará a cabo del 30 de noviembre al ocho de diciembre, en el Centro de Exposiciones Expo Guadalajara, con la India como invitado de honor.

Pero sus actividades no se detienen.

En un pequeño espacio, Marisol logra contestar una llamada para contarnos su historia, antes de que tenga que salir volando hacia otro destino marcado por las letras, hacia sus colegas de Frankfurt. Ya no se sabe si es ella o son las letras las que mandan. Marisol se deja llevar por la corriente. Antes de alcanzar lo que considera una de las metas de su vida profesional, fue directora editorial de Plaza & Janes en México, subdirectora de Promoción de la Lectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, editora ejecutiva de Grupo Santillana y directora de Taurus y Alfaguara. Así que a finales de cada año, desde hace 32 que tiene la FIL, la corriente la lleva a la tierra del tequila y el mariachi.

La isla de los libros

Cuando leyó “Robinson Crusoe” a los 11 años vivía en mundos diferentes. No se preocupaba por nada más que por habitarlos. Lejos estaba de entender los mecanismos que habían hecho que ese libro llegara a ella. Un manuscrito frente a un editor, el texto corregido a la imprenta y de ahí a las librerías.

Esto sin mencionar el trabajo que implica promocionar un libro, aunque en aquel entonces era muy diferente. Antes de estudiar el arte de llevar literatura a las personas, se dedicaba a satisfacer su adicción por las aventuras. “Los libros de aventuras yo los viví de una manera maravillosa”, recuerda Marisol.

“Porque un niño a esa edad se mete en los libros y los vive, estás pensando en eso todo el tiempo, te vuelves parte de esa vida. Acordarme de mis lecturas de 10 y 11 años, es acordarme que yo estaba viviendo un mundo que a lo mejor otros niños no tenían esa oportunidad, yo la tuve”.

“Robin Hood”, “La Isla del Tesoro” y “Mujercitas” también fueron parte de esta temprana formación, cuenta. Textos que casi siempre le daban sus abuelos. En su adolescencia le llegó “el boom latinoamericano”, con Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes.

El autor mexicano es por mucho el que más impactó su vida. “Leí ‘Los Días Enmascarados’ de Carlos Fuentes y dije ‘wow, esto es la verdadera literatura’”.

No sabía muy bien cómo, pero desde muy pequeña entendió que nunca abandonaría esos mundos. Nadie le dio un examen de orientación vocacional, es algo que presentía en la sangre.

Sin embargo, cuando tuvo edad, no decidió estudiar Letras. Entró en la licenciatura de Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su acercamiento a la lectura, más que académico, fue por placer e iniciativa propia.

“No estudié literatura porque yo creo que tuve una carrera alterna. Por las propias lecturas y por lo que me recomendaban, por la familia y por el mundo en el que yo vivía, se leía mucho y podíamos elegir este tipo de lecturas muy libremente”.

Además, al formar parte de la Facultad de Filosofía y Letras, tenía acceso a conferencias y materias optativas, donde llegó a ver a escritores como Juan García Ponce o José Saramago.

Empezar desde abajo

“Esto se va dando con el tiempo, yo creo mucho en las horas de vuelo”, platica Marisol sobre el salto a la vida profesional. “Creo mucho que para ser editor tienes que haber pasado por la talacha que yo pasé, para llegar luego a dirigir una editorial.

Yo no empecé dirigiendo una editorial a los 15 años, ni a los 17, ni a los 20. A los 20 sí estaba trabajando ya en el mundo editorial, pero estaba en una imprenta revisando galera.

Conozco este mundo editorial desde abajo, desde todos los puestos que te puedas imaginar. Eso te da un conocimiento panorámico, pero solo desde abajo, no llegas y ya te ubican como el gran director, no lo eres. Vas adquiriendo experiencia, es un tema de aprendizaje”.

Tienes que ser aprendiz, antes que maestro, explica. Y entonces llegó el mo-
mento más importante de todos, cuando justo conoció a su maestro, el que llevaba enseñándole desde hace años sin siquiera saberlo.

“Así como a los 17 años viví la maravilla de haber leído ‘Los Días Enmascarados’ de Carlos Fuentes, en el momento que yo entro a Alfaguara, mi primer libro que voy a editar es ‘El Naranjo’ de Carlos Fuentes. A mí Fuentes me ha marcado mucho en la vida, para mí eso fue como alcanzar una cima como editora.

Que ni siquiera era una cima, pero en ese momento dije, ‘si una persona ha admirado a un autor toda su vida y de repente ya te toca trabajar un manuscrito suyo, pues es lo máximo que te puede pasar’, profesionalmente. Luego tuve la oportunidad de ser editora del maestro Fuentes muchos años más, por suerte”.

Su carrera como editora fue ascendente, pero a pesar de estar rodeada de libros, su necesidad creativa no fue la de hacer literatura ella misma. Ahora estaba editando a autores como Arturo Pérez-Reverte, José Saramago y Mario Vargas Llosa.

Por su cuenta ha escrito ensayos, artículos y hasta poemas que nunca publicó. “Escribí mucho, pero también cuando empecé a editar me di cuenta que yo tenía una responsabilidad con los autores a los que yo estaba editando y te entra como una consciencia extrema de decir, ‘esto no lo puedo publicar’”, asegura.

“He escrito toda mi vida, no he publicado algo como un libro de ficción (…) Escribir es mi otra forma de expresar la vida. No soy escritora en términos de profesión, soy una persona que se puede desenvolver por escrito perfectamente”.

Problemas de comunicación
Antes de lanzarse al ruedo de la FIL, la vida le preparó un buen entrenamiento. En 2010, la Universidad de Guadalajara le encomendó la misión de fundar y dirigir la Feria del Libro en Español de Los Ángeles (LéaLA).

Tras cumplir esta misión por tres años, soltó las riendas y regresó a México con su nuevo trabajo: comandar una de las ferias del libro más grandes del mundo. Fundada en 1987, la FIL se jacta de tener un promedio anual de más de 2 mil editoriales de 47 países.

Con cerca de 630 presentaciones de libros, entre sus más de mil horas de actividades, se vuelve uno de los festivales culturales de mayor relevancia en Latinoamérica.

La misión no es nada sencilla, ahora las letras están por todos lados y Marisol tiene que hacer tanto que ni tiempo le da para disfrutarlas.

“Como cualquier persona que organiza, durante los días de la feria tienes muy poca oportunidad de disfrutar aquello que estás organizando”, confiesa. Sin embargo, lo que más le da placer es la parte previa, la organización del evento mismo.

“Ya los días de la feria no se disfruta tanto, porque tiene uno que estar pendiente de muchos aspectos que están surgiendo, que no haya contratiempos, tener todo muy bajo control, que por lo general no los hay, pero sí implica un poco de tensión o de estrés”.

Tiene una relación estrecha y se podría decir que fácil con los libros. Con ellos la cosa es sencilla, se entienden bien. Lo difícil es la gente.

“El ser humano es complicado muchas veces, entonces, tantos interlocutores, pues a veces es muy fácil hablar con ciertas personas, pero a veces hay un tema de barreras de entendimiento. El tener tantos interlocutores complica la gestión”.

Y para añadir otro nivel, el reciente cambio de gobiernos, movió todas las piezas. “Cada año hay diferentes retos y oportunidades, porque cambian muchas cosas. Cambia el país, cambia el invitado de honor, cambian interlocutores, entonces cada uno representa un reto diferente.

Este año ha sido un reto muy complejo, porque tenemos un invitado de honor con otra idiosincrasia, que es la India; eso también va a ser una experiencia enriquecedora. Por otro lado, también el cambio de autoridades locales, federales, en todos los ámbitos hubo cambio de interlocutores y eso pues implica volver a enfocar, a tocar puertas”.

Sin embargo, a pesar de las críticas que ha recibido el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador en el ámbito cultural, Marisol no quiere ver las cosas de manera tan sombría.

“Yo soy una persona muy optimista y creo que los cambios siempre son para bien. Nos ha complicado, como te digo, tener justamente nuevos interlocutores. Pero bueno, todavía es muy pronto para hablar de algo que apenas está comenzando.

Yo lo único que te diría es que darle tiempo al tiempo, eso es lo que yo pienso. Hay buenas iniciativas y hay muy buena comunicación con la feria”.

La lectura como educación

Lo importante es llevarles libros a los mexicanos. Que los niños tengan la misma oportunidad que tuvo ella de habitar mundos distintos. Se suele decir que el mexicano no lee, pero Marisol no lo cree así. Se lee sí, dice, pero no se lee mucha literatura, ni se compran libros.

“Creo que el mexicano lee, lo que hace falta es acercar a la gente a libros que le van a implicar algo, que le van a dar algo”, asegura. “Yo he tenido muchas experiencias dentro de una lectura que yo he llevado, y gente que no ha leído, les he acercado cierto tipo de novelas y se han vuelto lectores. Es una operación hormiga, te estoy hablando a lo mejor de 15 o 20 personas a los que yo he inoculado por el amor por la lectura.

Pero eso se podría hacer masivamente, sí se puede”. Considera que la educación, en ese sentido, tiene un papel fundamental, pues se tiene que empezar con los más pequeños. Todos los niños son lectores natos, afirma, “el acercamiento del niño a los libros es maravilloso”. Así como a ella su abuelo le puso en las manos “Robinson Crusoe”, su misión ahora consiste en poner en manos de muchos nuevos niños, otros autores.

Para Marisol, ser directora de la FIL implica abrir puertas a otros mundos. “He vivido muchas vidas gracias a la literatura”, comenta. “He podido desempeñarme profesionalmente gracias a la literatura.

Tengo una liga con la literatura que ya a estas alturas del partido es completamente impensable no tener. Es una parte tan fundamental como tener dos piernas.

La literatura es parte de mi existencia”. Es el camino que tomó y el que sigue transitando, porque sin los libros no sería capaz de entender lo que la rodea.

“Es un refugio, es un entendimiento”, dice. “La literatura se debe concebir como un arte y como una propuesta estética.

Quien puede entrar a esta propuesta por parte de quien sea, va a vivir un mundo que es fundamental y que le puede dar muchas oportunidades a futuro, también, de entendimiento de la vida.

Yo muchas cosas de la vida personal, las conocí a través de los libros, no porque yo las haya vivido. Yo tenía 12, 13 años, estaba leyendo obras que eran un poquito muy elaboradas, me entraba el conocimiento a través de la literatura. Ya luego cuando me las explicaban, ya había leído las novelas”.

13 de noviembre de 2019.

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