Guerras comerciales y realineamiento global

Trump ha convertido al nacionalismo económico en el eje de su política. Foto: Shutterstock.

El mundo se encamina a tomar partido por alguna de las dos súper potencias, Estados Unidos y China. Por lo pronto, los incendios en el Amazonas se revelan como la evidencia más tangible de este choque de trenes.

Por MARU DE ARAGON

Donald Trump está cumpliendo su palabra. Tras fustigar al libre comercio durante su campaña por la presidencia de Estados Unidos en el 2016, ha convertido al nacionalismo económico en el eje de su política en la Casa Blanca.

Un artículo publicado recientemente por la revista Foreign Affairs (FA) señala que además de los aranceles que ha amenazado con imponer o que ha aplicado a varios países, de sus políticas proteccionistas, de la violación de las reglas del comercio internacional, de sus ataques constantes a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de que está empujando a otros gobiernos a considerar el uso de las mismas herramientas para limitar el comercio de manera arbitraria, una de sus acciones más atrevidas fue declarar la guerra comercial a China y utilizar la política comercial para “desacoplar” a las dos economías más grandes del planeta.

De acuerdo con el New York Times (NYT), en un año de guerra, el comercio entre los dos gigantes ha caído y China, que durante mucho tiempo fue el principal socio comercial de EU, pasó al tercer lugar en la primera mitad del año, detrás de México y Canadá.

Las empresas estadounidenses tratan ahora de limitar su dependencia de China y, en algunos casos están llevándose su producción a otros países, como Vietnam o la India, para evitar aranceles que, de no haber acuerdo, podrían llegar al 30%.

Cuando comenzó esta guerra, Trump señaló que el objetivo era mejorar las condiciones de las empresas estadounidenses que operan en China y reducir el déficit comercial entre las dos naciones. Sin embargo, después de meses de estancamiento en las negociaciones y de la negativa de China a ceder a las demandas de EU, la estrategia de Trump ha dado un giro más
punitivo. El dirigente estadounidense, quien desde su campaña electoral enfatizó que los dos países son enemigos económicos y rivales geopolíticos, promueve ahora una rápida desvinculación entre las dos naciones que, a lo largo de las últimas dos décadas, crearon una fuerte dependencia económica.

REALINEAMIENTO GLOBAL
Para FA también queda claro que lo que Trump busca no es arreglar, sino cortar la relación con China. No obstante, advierte esta revista, “desacoplar” a las dos economías más grandes del mundo desencadenaría un realineamiento global. Muchos países se verían obligados a elegir entre bloques comerciales. FA advierte que, aunque Trump pierda la reelección en el 2020, el comercio global jamás será el mismo. Muchos gobiernos temen que EU abandone las reglas comerciales establecidas.

Trump, según este análisis, tiene una visión muy distorsionada del comercio y las negociaciones internacionales. Ve al comercio como suma cero, como un juego de ganar o perder; disfruta la fuerza que le dan los aranceles y se apoya más en las amenazas que en la diplomacia.

Su gobierno está provocando un daño muy amplio y permanente al sistema de comercio, basado en normas, que surgió de las cenizas de las guerras comerciales de la década de 1930. En 1947, EU respondió encabezando las negociaciones para crear el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) predecesor de la OMC, que limitaba la interferencia arbitraria de los gobiernos en la actividad comercial y sentaba las bases para dirimir los conflictos comerciales.

Bajo este sistema, las barreras comerciales comenzaron a caer poco a poco y el comercio contribuyó a la prosperidad económica global. Eran las épocas en que EU ponía el ejemplo. Pero ya no es así. Trump incluso ha amenazado con sacar a su país de la OMC.

¿Qué viene ahora?, se pregunta Foreign Affairs. En el peor de los casos, el nuevo sistema de comercio global estará dominado por bloques comerciales discriminatorios que elevarán los costos de los productos, dificultarán las negociaciones y alentarán las represalias. El tamaño del país y el poder económico -y no los principios o las normas- decidirán el resultado de las disputas comerciales. Un sistema de este tipo perjudicará a los países más pequeños o débiles y podría empujarlos a alinearse con los más poderosos para subsistir.

LA GEOPOLÍTICA DERROTA A LA ECONOMÍA
Henry Paulson, ex Secretario del Tesoro, advierte que el objetivo de Trump es mucho más amplio y relevante. No se trata de proteccionismo sino de una fragmentación histórica de la economía mundial. Representaría, según Paulson, bajar una “cortina de hierro económica” entre las dos economías más grandes del planeta. Y una separación de este tipo tendría consecuencias en política exterior y seguridad nacional más allá del área económica.

La geopolítica ha derrotado a la economía, dice Foreign Affairs.

Para China, esta guerra en realidad no tiene que ver con el comercio sino con la competencia entre las dos naciones por el dominio económico y tecnológico mundial, y es resultado del ascenso del populismo, el aislacionismo y el proteccionismo en el mundo en general y en EU en particular, explica el analista Lawrence J. Lau, profesor de economía en la Chinese University of Hong Kong.

LAS GUERRAS DE TRUMP AVIVAN EL FUEGO EN LA AMAZONIA
Y mientras los gobiernos siguen con atención el sube y baja de los mercados financieros y las repercusiones de esta guerra, el mundo observa aterrorizado una consecuencia muy visible de la guerra comercial: el incendio de miles de hectáreas de la Amazonia, la selva tropical más extensa del mundo, conocida como el “pulmón del planeta”.

Una investigación, publicada por el diario británico The Guardian y realizada por el periodista Art Cullen, ganador del Premio Pulitzer, señala que los conflictos comerciales y geopolíticos están avivando los incendios en esta región de Sudamérica: Brasil ha intensificado la deforestación para dar paso a tierras destinadas al cultivo de soya. En las últimas cinco décadas, EU fue uno de los principales proveedores de soya para el mercado chino. La cadena de suministro ha dado un giro con la política de Trump, y ahora Brasil se ha convertido en el principal exportador de soya a China.

Satisfacer la demanda china se ha convertido en un atractivo incentivo para quemar tierras y destinarlas al cultivo de soya, dice el Washington Post, el cual subraya que la economía brasileña depende de las exportaciones de materia prima, la mayoría del sector agrícola. Con una tasa de desempleo del 12 % , no puede darse el lujo de dar la espalda a uno de sus sectores más prósperos.

Se teme que esta situación empeore con el paso del tiempo, debido a que China tiene planeado a largo plazo invertir en capacidad productiva en Centro y Sudamérica, con lo que dejaría de depender de EU.

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