El hombre que busca gigantes en el mar

El Dr. Rodrigo Pacheco Ruiz se sumergió en sus aguas para buscar esos gigantes. Foto: Especial.

Hace una década, Rodrigo Pacheco Ruiz descubrió en las profundidades del Mar Báltico un navío intacto hundido antes de que ocurriera la conquista de América. El Okänt Skepp, es la estructura mejor conservada que se haya encontrado hasta hoy. La forma en la que este arqueólogo mexicano llegó a explorar las profundidades para rescatar barcos con más de dos mil 500 años de antigüedad, nos la cuenta él mismo.

Carlos Díaz Reyes

En el fondo del Mar Báltico, un sitio negro y sin vida, descansan gigantes. Hace cientos de años salieron de la costa de algún lugar, cargando objetos y recuerdos de familia y amigos.

Nunca regresaron. Novias, padres, madres y conocidos, se quedaron esperando. Murieron primero tragados por el agua salada y después los mató el olvido. Los siglos pasaron, nuevas generaciones llegaron y quedaron atrás, hubo guerras, civilizaciones enteras cayeron. En la superficie, la vida siguió su curso y a pesar de que ya nadie los recuerda, a la fecha los gigantes siguen allá abajo. Sin más compañía que la oscuridad, ni la presencia siquiera de algún microorganismo que desaparezca sus cadáveres. Eso, hasta que el Dr. Rodrigo Pacheco Ruiz navegó sobre ellos y se sumergió en sus aguas.

“Por dos mil 500 años nadie supo qué le pasó y seguramente se olvidó de la consciencia humana hasta que nosotros bajamos y lo vemos por primera vez. Es un momento muy especial”, cuenta Pacheco Ruiz. Arqueólogo originario de la Ciudad de México, ahora vive en Southampton, al sur de Inglaterra y trabaja explorando los mares para la compañía sueca MMT, cuyas siglas en sueco significan algo así como “mediciones técnicas del mar”.

En estas labores en altamar, encuentra todo tipo de cosas. Pero lo más importante son los barcos. “Algo que ha estado en el fondo del mar por 500 años, dos mil años, que no ha visto la Segunda Guerra Mundial, no ha visto la Revolución Industrial, en muchos casos ni siquiera han conocido la época cristiana. Han estado ahí perfectamente bien conservados”.

Uno de sus grandes descubrimientos es el Okänt Skepp, “barco desconocido” en sueco. Encontrado como una mancha borrosa en la pantalla de un sonar en 2009 y revelado al mundo apenas este año. Se trata de un barco de 500 años de antigüedad, casi intacto. Un descubrimiento histórico, pues es el barco mejor conservado de esa época que se haya encontrado. El Dr. Pacheco Ruiz también tiene como uno de sus grandes logros, quizá el mejor de su carrera, considera él mismo, formar parte del Proyecto de Arqueología Marítima del Mar Negro. Ahí trabajó codo a codo con los mejores arqueólogos del mundo, desarrolló tecnología especial y también encontró otro puñado de gigantes muertos que brindan a la humanidad un chapuzón a un remoto pasado.

¿POR QUÉ SONRÍEN LOS CAVERNICOLAS?
Siempre quiso ser arqueólogo. Desde que veía las imágenes en los libros de la primaria y secundaria, donde los cavernícolas se mostraban felices y con una imagen muy pulcra. Él se preguntaba: “¿cómo es posible que esta gente que vive en cuevas, perseguidos por animales grandes, estén tan felices?” Conforme crecía, los maestros daban sus puntos de vista, a veces contradictorios, sobre los distintos acontecimientos importantes de la historia humana. “Esta es mi historia y si me quieres creer me crees y si no pues, allá tú. La historia la escriben los vencedores”, cuenta.

Estas cuestiones y su deseo por conocer cómo era el pasado en realidad, lo llevaron a Teotihuacán. Antes de estudiar arqueología, asistió ahí a la primera excavación de su vida, tenía unos 15 años. Se trataba del trabajo del arqueólogo de origen japonés, Saburo Sugiyama, en la Pirámide de la Luna. Su contacto era una de las amigas de su madre y gracias a ella pasó mucho tiempo con expertos. “Lo más curioso es que me decían que nunca me metiera de arqueólogo, porque no iba a ser una buena opción de carrera”, recuerda.

Haciendo caso omiso a las advertencias e inspirado por las excavaciones y túneles que exploraba, estudió por seis años la carrera de Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología (ENA). Durante sus estudios, conoció al actual subdirector de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Roberto Junco, quien cambió su vida con un sencillo ofrecimiento: “Él tenía un centro de buceo en Las Lomas”, platica Pacheco Ruiz. “Me dijo ‘¿por qué no aprendes a bucear y así hacemos otra cosa y nos divertimos también mientras tanto?’ Empecé a bucear cuando empecé la carrera, muy temprano. Poco a poco esas dos cosas se fueron llevando de la mano. Me iba con los arqueólogos y los invitaba a bucear y me iba con los buzos y les explicaba de arqueología”.

Durante sus excavaciones en Teotihuacán, conoció al Dr. Jorge Herrera, “mi mentor en Arqueología Marítima”, expresa. Herrera estudió su doctorado en la Universidad de Southampton y regresó a México justo cuando Pacheco Ruiz se preguntaba sobre su futuro tras la carrera de la que se graduó en 2006. Le dijo que había dos opciones para Arqueología Marítima: Southampton y Texas. Naturalmente optó por la opción de su maestro y con una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) hizo allá su maestría.

Su maestría duró un año y tan pronto como pudo empezó el doctorado en Southampton en 2010 otra vez con apoyo del Conacyt. Terminó el doctorado en 2014 y en ese entonces Jon Adams, maestro en Southampton, quien excavó el histórico barco Mary Rose, formó “uno de los proyectos más grandes y ambiciosos de arqueología que se han hecho en la historia”: El Proyecto de Arqueología Marítima del Mar Negro. Cinco años de investigación, con un presupuesto de 20 millones de libras. El mexicano formó parte de este equipo, una experiencia trascendental para su carrera.

LOS GIGANTES DEL MAR NEGRO
El Dr. Pacheco Ruiz se encargó del área de tecnología detrás de la exploración submarina del Proyecto del Mar Negro. Barcos, submarinos y demás, fueron patrocinados por su futura compañía, MMT. En este tiempo perfeccionó la técnica que se convertiría en su especialidad: la fotogrametría. “Es tomar muchas fotos de algo y lo procesas de cierta forma que se convierte en un modelo de tercera dimensión”, explica. Es decir, sacar cosas de las profundidades del mar, sin siquiera tocarlas.

El mar casi nunca se explora a más de 90 metros de profundidad, más allá de eso se requiere tecnología más avanzada. El Mar Negro tiene profundidades de hasta 2 mil metros. Lo primero que hicieron fue un mapeo enorme, en un área que equivaldría al doble del tamaño de Roma, a 10 centímetros de resolución. Abajo, encontraron un valiosísimo cementerio de gigantes: 65 nuevos barcos hundidos que nadie había encontrado en la historia. Barcos del periodo griego, 2 mil 500 años atrás; del Romano Temprano, 50 Después de Cristo; Romano Tardío, Bizantino, Otomano; del siglo XVII, XVIII y XIX.

Una de las embarcaciones que más lo impresionó y sigue recordando, es una de la época otomana, del siglo XVII. Tiene 20 metros de longitud y yacía a 350 metros. Todos sus elementos están tallados con flores, que compara a los detalles del altar barroco de una iglesia. Por ello lo bautizaron como La Flor del Mar Negro. La estructura completa está repleta de estos motivos otomanos y aunque no es de sus descubrimientos más antiguos importantes, cambió su perspectiva del trabajo. “Cuando yo vi eso me di cuenta de lo diferente que era el Mar Negro a todo lo demás. Estábamos viendo cosas como si las hubieran tallado en la madera ayer”.

La razón por la que el Mar Negro conserva tan bien embarcaciones tan antiguas es la falta de oxígeno. Este es el principal elemento para la vida y eso incluye a los organismos que se comen la madera, el cuero y los textiles, elementos orgánicos, muy usados para los barcos de tiempos remotos. Pacheco Ruiz explica que el Mar Negro y el Mar Báltico se consideran cuencas anóxicas, que significa que a ciertas profundidades el oxígeno no existe o hay muy poco para sostener vida. “Si bajas, no hay nada, es como la superficie de la luna, no hay vida”, asegura.

“Europa y el Mediterráneo han sido las carreteras número uno para la civilización desde que el hombre es hombre y desde que las culturas tienen esa capacidad de moverse”, añade el arqueólogo. “Y los accidentes han sucedido desde los primeros días de la navegación. Cuando esto pasa, los barcos que llegan a hundirse en las profundidades, llegan a este medio ambiente donde se conservan muy bien”.

‘LA ARQUEOLOGÍA CONFIRMA’
Fugro es la compañía más grande a nivel mundial de prospección submarina y en segundo lugar está MMT. Al terminar el Proyecto del Mar Negro, que duró de 2014 a 2018, MMT lo contrata como experto en fotogrametría de profundidad. Ellos comenzaron a trabajar en Nord Stream 2, el gasoducto que Rusia está construyendo hasta Europa, concretamente Alemania y Dinamarca. Sus tuberías pasarán por el Mar Báltico, hogar del gigante más importante que Pacheco Ruiz ha descubierto: el legendario Okänt Skepp. Su importancia radica en que “tiene 500 años y que nunca nadie ha visto un barco en este estado, que tiene los mástiles en situ, un barquito en la cubierta, el ancla… El barco está intacto”. Como si se hubiera hundido ayer, asegura con la voz cargada de asombro.

Estos descubrimientos se hacen por medio de robots, que bajan conectados por un cable umbilical de fibra óptica, el cual les permite ver todo casi en tiempo real y por un periodo ilimitado, aunque se encuentre a profundidades inaccesibles para bucear. Durante este trabajo se encontraron con muchos barcos, pero el Okänt Skepp resultó ser único.

Pacheco Ruiz no lo podía creer cuando lo vio. Pensó que, por estar en ese estado se trataría de un pecio del siglo XIX, pero carecía de elementos clave de esa época. Fue hasta que analizaron y fecharon los cañones que lo ubicaron entre 1510 y 1520. Antes de la Conquista de México y después del Descubrimiento de América.

“Imagínate que hasta ahora lo único que conocíamos de estos barcos eran documentos como las Cartas de Relación de Cortés. Libros que se escribieron en ese entonces, describiendo y a veces eran dos o tres párrafos. Dibujos, hay litografías de artistas europeos. Pero algo físico, arqueológico, que se pueda demostrar que existió, es el primero en la historia de la humanidad”. Al compararlo con los dibujos, dice que es idéntico. “No hay nadie que pueda decir ‘no existen’ ya. Ahí está. Ahí está el barco, con mástiles con el ancla, con los cañones, justo como lo dibujaban en el pasado.

Ya no hay duda de eso, está confirmado. Esa es la belleza de la arqueología. La arqueología confirma. Ahí está, ahí existió, véanlo”.

UNA ESCENA DE CRIMEN
¿Qué sigue ahora para el Okänt Skepp? “Es el ejemplo de encontrar una escena del crimen. Encontramos el crimen, ahora lo que hay que hacer es empezar a buscar la pistas alrededor, que nos van a dar una indicación de qué es lo que sucedió”, explica. ¿De dónde venía? ¿Hacia dónde iba? ¿Cuál era su propósito? ¿Quién era la tripulación? Actualmente se encuentran trabajando en dar respuestas. Pero no es fácil, ni barato.

Pacheco Ruiz explica que existen dos tipos de arqueología marítima: de aguas someras, como los 90 metros, con buzos; y la arqueología de profundidad. MMT es uno de los pocos grupos que hacen ésta última en el mundo, pues se trata de algo muy costoso. Un barco cuesta entre 70 mil libras el día. “Eso es lo que yo creo un proyecto de arqueología de 20 años tendría de presupuesto”. Pero su labor se limita a ser un testigo lejano. Los barcos son material orgánico que tiene siglos bajo el agua y ya requieren de esas condiciones para mantenerse. Sacarlo del agua implicaría cambiar su composición química de golpe. En 10 años podría dejar de existir si no se tienen las condiciones adecuadas.

De ahí la importancia de la fotogrametría y la tercera dimensión. “No reemplaza ir a bucear a un sitio, no reemplaza ver el objeto real, pero este modelo de tercera dimensión lo han visto millones de personas y nos ha costado cero y el barco ahí sigue y está perfecto. Esa es la estrategia a seguir en cuanto a la conservación”, aclara. Pues si bien el humano es el único que puede asomarse al mar como a través de una ventana al pasado, es también el principal enemigo para destruirlo.

Uno de los grandes problemas es el acceso de los buzos a los sitios. El límite del buceo deportivo está entre los 50 y 60 metros, el del buceo técnico hasta los 120 metros. Por lo tanto, los barcos que están a 150 metros o más, están en perfecto estado, porque las personas no llegan. “Uno como buzo baja y siempre se quiere llevar el recuerdo y entonces empiezan a tomar cosas. Hay ciertas leyes en el mundo que permiten que se haga el salvamiento de precios o de barcos hundidos. Hay países que de hecho te instigan a que lo hagas, las leyes no han evolucionado lo suficiente como para prohibir este tipo de explotación del recurso cultural”, afirma.

LA BELLEZA DE LOS ERRORES
Para este arqueólogo mexicano, su profesión permite cerrar ciclos. “¿Qué les pasó a mis colegas suecos que fueron a Dinamarca hace 500 años? Ahora te podemos decir que están a la mitad del Báltico y que ahí han estado durante 500 años. No hemos encontrado restos humanos, pero si alguien quedó atrapado en el casco, van a estar ahí dentro”, platica. “Tenemos la fortuna de poder cerrar esos ciclos que la humanidad siempre ha querido cerrar. Esas preguntas que se han quedado un poco abiertas. ¿Cómo eran los barcos de la conquista? ‘No sabemos, hay dibujos, hay historias’. No, no, sí sabemos. Eran así”.

Es responderse a la pregunta de su infancia: ¿por qué estaban tan limpios y sonrientes los cavernícolas de sus libros? ¿Cómo eran en realidad? La historia auténtica, que se comprueba con los objetos que descubre la arqueología, no la que le contaban sus maestros. Sin embargo, a pesar de todos los descubrimientos y toda la tecnología, siguen siendo respuestas parciales. “Lo que sabemos del pasado es en realidad lo que muy pocas personas, como yo, han tenido la experiencia de ver, pero es tan fragmentado que el pasado que conocemos en realidad no lo conocemos Estamos tratando de hacer un rompecabezas de 2 mil o 3 mil piezas con dos piececitas”, asegura.

“La arqueología al final es basura. Estamos estudiando a la gente del pasado
por medio de sus restos, de lo que dejaron atrás. A pesar de todas las historias de tesoros y de cosas que uno se puede encontrar en el mar, en realidad muy pocas veces te deja dinero de hacer pura arqueología”, agrega Pacheco Ruiz. Hay muchos más barcos en el Mar Báltico y el Mar Negro y la mitad de su trabajo se la vive dando clases en la Universidad de Southampton y la otra en altamar, donde siempre encuentra cosas. Pero pocas con tanta importancia para la historia de la humanidad. Sin embargo, descubrir basura del pasado le ha permitido darse cuenta de un hecho importante y una filosofía de vida.

“Mientras más hago arqueología me doy cuenta que compartimos muchas cosas con la gente del pasado. Son muy especiales por ser, filosóficamente hablando, de otro mundo, de otro tiempo, pero al mismo tiempo son personas”. Recuerda, por ejemplo, cómo un barco del siglo XVIII, a 2 mil metros de profundidad, tenía los cañones amarrados a la cubierta, en un claro estado de emergencia. “No sólo te das cuenta de lo que le pasó al barco y lo que le pudo haber pasado a la tripulación, también te das cuenta de cómo reacciona la gente a un evento. Es algo que si nos pasara hoy en día, hubiéramos hecho lo mismo”.

Hay similitudes a pesar de los siglos de distancia. Y esas similitudes son, en la mayoría de los casos, errores que humanizan. “No sé si sea bueno o malo, pero los dejas de idealizar mucho”, admite. “En México tenemos la tendencia de mirar a nuestros antepasados gloriosos, como ‘wow, qué espectaculares personas’. No, eran personas que se ponían borrachos salían y hacían fiestas, les salían las cosas mal”.

No considera malo dejar los mitos, al contrario. Específicamente de la arqueología marítima dice: “nosotros somos los receptores de lo que la gente hacía mal. Los barcos se hunden porque algo hiciste mal. Mientras más ves esto, los dejas de idealizar tanto como gloriosos, pero los pones más en un plano de mi amigo o alguien cercano a ti, o incluso tú mismo”.

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