El fuego del enemigo

Estados Unidos alcanzó el mayor registro de armas desde 1990. Foto: Sutterstock.

TEXAS.- Quienes viven en Estados Unidos saben que hay lugares como Texas donde los climas extremos pueden ir desde varios grados bajo cero en los inviernos hasta los más de 45 grados durante el verano. Y que en esos días los refugios son la casa, el auto con aire acondicionado, un restaurante o sencillamente un supermercado. Los Walmart en este país suelen tener pasillos amplios y muy largos, con estanterías que almacenan una infinidad de comida y objetos. Si las temperaturas son insoportables para salir de los espacios cerrados hay personas que van ahí solo a caminar. La gente se puede topar con un tornillo, los pañales, un sillón, un pollo frito, telas de confección, pinturas de vinilo, pasillos llenos de juegos, un oso de peluche o un rifle Remington de 235 dólares. Las armas están profundamente arraigadas a la cultura estadounidense, y se compran tan fácil como un litro de leche.

A uno de esos Walmart llegó el 3 de agosto pasado un hombre de 21 años, blanco, con el objetivo de encontrar mexicanos y matarlos. Patrick Crusius había escrito un manifiesto supremacista contra la inmigración y viajó cerca de 10 horas por carretera desde el norte de Texas hacia El Paso, en la frontera con México. Sabía que encontraría en esa tienda a una mayoría de familias hispanas. Algunas cruzan desde Ciudad Juárez para hacer sus compras ahí los fines de semana. En esos días previos del regreso a clases después de las vacaciones de verano, el tirador entró a la tienda y abrió fuego contra una multitud. Asesinó a 22 personas y dejó a 26 personas heridas, convirtiéndose en el mayor atentado terrorista contra la comunidad hispana del que se tenga registro.

La madre del asesino había llamado semanas atrás al Departamento de Policía de Allen, una ciudad de la zona metropolitana de Dallas. Estaba preocupada de que su hijo tuviera un arma de fuego similar a una AK-47, un rifle de asalto que suele aparecer en las peores masacres mundiales. Crusius había comprado el arma legalmente.

Mientras los cuerpos yacían en los pasillos del Walmart en El Paso, otro hombre armado, de 24 años, mató a nueve personas en Dayton, Ohio.

Las muertes relacionadas con armas ocurren alrededor de todo el país a diario: más de 1,800 personas murieron por armas de fuego solo en 2017, de acuerdo con la organización Gun Violence Archive. Los tiroteos masivos ocurren una y otra vez reavivando el debate sobre el control de armas en un país que tiene más armas que personas: 393 millones de armas en circulación contra 372 millones de habitantes.

Los estadounidenses representan el 4.4 por ciento de la población mundial, pero poseen aproximadamente el 42 por ciento de todas las armas del mundo, estima el profesor de la Universidad de Alabama, Adam Lankford, consultado para este reportaje. Alrededor de dos tercios citan la protección como una razón importante para tener un arma en casa. Aunque frecuentemente también las usan para cazar o para practicar deportes. La Constitución los respalda.

“Pero resulta que estamos en el nivel más alto de armas en Estados Unidos desde 1990”, dice María José Rodríguez Rejas, una investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México que conoce del tema.

Más armas significa que los estadounidenses tienen el 48 por ciento de los 650 millones de armas en poder de los civiles en el mundo. “Es parte de todo un ciclo expansivo conservador que yo identifico como el ciclo de norteamericanización de la seguridad”, añade la profesora. Y es un negocio del que detrás hay intereses y hay muchas empresas.

Después de que ocurrió la masacre en El Paso, Trump dijo que prometió “hacer verificaciones de antecedentes como nunca antes” y dijo que apoyaría un proyecto de ley para dificultar el proceso de compra de las armas. Pero horas más tarde el director de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), Wayne LePierre, le advirtió al presidente que aprobar esa ley podría costarle votos y apoyos al Partido Republicano. La Asociación Nacional del Rifle es uno de los grandes lobbies de presión muy vinculado al neoconservadurismo y a la esfera de los halcones del sector republicano en Estados Unidos, y está muy vinculado a Trump, tanto que puso 30 millones de dólares para su campaña, dice Rodríguez Rejas. Como era de esperarse, Donald Trump acabó defendiendo los puntos de vista de la NRA, que tiene cerca de cinco millones de miembros activos, muchos de los cuales forman parte de los votantes y seguidores del presidente.

La promesa de Trump había sido la misma después del tiroteo masivo de febrero de 2018 en una escuela secundaria en Parkland, Florida, en la que fueron asesinadas 17 personas, entre estudiantes y miembros del personal. Trump dijo que respaldaría la verificación de antecedentes universales y a mantener las armas alejadas de algunos jóvenes. Vino entonces una reunión con los líderes de la Asociación Nacional del Rifle en la Oficina Oval de la Casa Blanca y Trump acabó amenazando con vetar un proyecto de ley al respecto.

“Consideramos que el propio gobierno es el que ha permitido que esta violencia armada se convierta en una crisis de derechos humanos”, dice en entrevista Érika Guevara, directora para las Américas de Amnistía Internacional. En lo que va del año la organización lleva un registro de 255 eventos de tiroteos masivos, en los que varias personas han perdido la vida. Muchos civiles, dice Guevara, quedan con alguna discapacidad y con poco acceso a servicios médicos por la presencia armada.

“Es una epidemia y el gobierno no ha tomado ningún control para realmente garantizar el derecho a la vida de las personas, falta por ejemplo el registro único. En 30 estados del país se permite la propiedad de arma sin licencia. No existe un mecanismo o un sistema integrado de verificación de antecedentes, de capacitación, de licencia, etcétera, que está provocando que esto se convierta en una crisis de derechos humanos en donde miles de personas están perdiendo la vida”.

El año pasado Amnistía Internacional publicó el documento “En la línea de fuego”, donde señalaba que el gobierno norteamericano está incumpliendo con sus obligaciones en materia de derechos humanos nacionales e internacionales de proteger el derecho a la vida. Guevara apunta a las empresas que fabrican las armas: “Lo que queda claro es que el presidente Trump ha hecho compromisos no solo con personas que defienden su derecho a portar armas, sino también con las empresas, las corporaciones que son las que construyen las armas, que son las que han hecho sumas importantísimas de dinero en la venta de armamento. Y ese lobby es el que no permite que estas leyes avancen. Por supuesto que la falta de voluntad política de la administración de Trump entorpece”.

UN MERCADO QUE CRECE DE ESTADOS UNIDOS A MÉXICO

Desde que Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos, la venta de armas creció aún más, lo mismo que la transferencia a otros países de armas y municiones. Uno de los grandes receptores de los mercados legales e ilegales de armas es México. Un documento del Center for American Progress traducido al español como “Más allá de nuestras fronteras” (Beyond Our Borders), hace un seguimiento de la distribución de armas y los lugares a dónde van a parar. Y de acuerdo con ese informe, México le compra a Estados Unidos 74 mil 200 armas cada año. Esa exportación desde México se tradujo en 122 millones de dólares entre 2015 y 2017, doce veces más de lo que vendió Estados Unidos a México entre los años 2002 y 2004. “Y doce veces mayor es la brutalidad”, dice la profesora Rodríguez Rejas, porque las estadísticas de homicidios en México están en su mayor punto histórico y casi todos son asesinatos donde se usan armas de fuego. Dos de cada tres homicidios en México se cometen con arma de fuego, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Pero en el año 1997 solo era el 15 por ciento de los homicidios, según las estadísticas del Center for American Progress. Más armas, más violencia. Cerca de 300 mil homicidios en México en los últimos dos sexenios.

México, además, es el país de América Latina que más armas importa desde Estados Unidos: en el año 2017, todavía durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, el tránsito legal de armas fue de 50 millones de dólares. El segundo país que más importa armas desde Estados Unidos es Colombia, pero entre la transferencia de uno y otro país hay una enorme diferencia. Porque Colombia en ese mismo 2017 solo importó el equivalente a 10 millones de dólares, muy lejos de los 50 millones de dólares de México. Luego está el marcado ilegal de armas.

El propio Secretariado Ejecutivo en México señala que para 2018 ingresaron 250 mil armas, incluyen granadas, lanzagranadas, ametralladoras. Luego está lo que se regula desde la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para la compra por parte de particulares y las armas que usa el propio Ejército.

Un recuento de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) señala que en escenas de crímenes en México encontraron que 70 por ciento de las armas provenían de Estados Unidos.

¿Cómo explicar la dependencia que tiene México con Estados Unidos? —, se le pregunta a la investigadora Rodríguez Rejas.

México es al país de América Latina que tiene la mayor cantidad de acuerdos comerciales y de seguridad con Estados Unidos. El nivel de dependencia es altísimo. Esto incluye desde que México fue incorporado en 2012 al Comando Norte (USNorthCom) sin que a este país se le preguntara si tenía disposición o no. México quedó a disposición de Estados Unidos, inmerso ahí. Pero luego aparece y se firma el ASPAM, este acuerdo famoso para la Alianza y Prosperidad para América latina. Viene la Iniciativa Mérida o Plan Mexico en 2008. A la par entra al Proyecto Mesoamérica (Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica), que también tiene dimensiones de seguridad pero que se supone está más centrado en temas de infraestructura, corredores, etcétera.

No sabemos bien a bien lo qué pasa con Iniciativa Mérida ni con ASPAM, pero lo que sí sabemos es que la Iniciativa Mérida no financia compras de armas, son acuerdos de entrega de equipo, más de entrenamiento de uso tecnológico. Todos estos acuerdos con Estados Unidos están costando una auténtica millonada a México porque está cofinanciando la seguridad de Estados Unidos. Iniciativa Mérida se suponía que había nacido en términos de asistencia, se financia Secretaría de Relaciones Exteriores, México ha recibido 1,900 millones de dólares, pero el propio gobierno de Estados Unidos dice que no, que ha enviado 3,000 millones de dólares en distintas formas de entrenamiento y en general. Pero el costo para México ha sido de 8,000 millones de dólares, dice una investigación de Contralínea basada en documentos oficiales. Estamos en este tema de meterle dinero a un problema de seguridad que camina por otra vía, y que esa otra vía tiene como ejes cosas que tienen que ver también con la guerra, las armas y el uso de armas.

Hay una propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador de dar marcha atrás a la Iniciativa Mérida, pero hay una respuesta tremenda de la oposición que dice que de ninguna manera. De cualquier forma no conocemos hasta ahora una sola evaluación de la Iniciativa Mérida: ¿qué ha llegado, qué se ha invertido, qué ha implicado? Y si los programas de entrenamiento siguen corriendo.

¿Y cómo es todo ese juego geopolítico y qué peso tiene el armamento?

En el tema de las armas tiene que ver con los actores ilegales y actores legales, hay una parte que sí tiene un encuadre institucional y que incluso está legalizado, que sigue promoviendo la guerra, porque esas dos fuentes no se pueden desconectar.

El problema es que son muchas armas las que están circulando y hay que verlo en un contexto, porque institucionalmente durante varias décadas, a partir de la dependencia con Estados Unidos en muchos ámbitos, incluido el de seguridad, se ha estado promoviendo un proceso explícito de guerra, no sé si con el narcotráfico, pero si de guerra práctica, con el uso permanente de armamento para enfrentar a diversos grupos armados, de corte social y político. El tema de lo que hay ahí es impresionante. Luego está la cultura que se va construyendo, como la denigración, otros países lo que están contando de México es que es un país violento, como si fuera una condición genética o cultural, o histórica, pero lo que hay es un problema detrás, de proveedores de negocios vinculados a las armas. No solo del narcotráfico, porque México no solo es un lugar de paso, comparte 3,000 kilómetros de frontera con Estados Unidos.

No es que la gente enloqueció y entonces usa más armas. Es que hay una cultura institucional construida durante varios gobiernos en este país durante la llamada lucha contra el narcotráfico, pero alimentada clarísimamente desde Estados Unidos en su necesidad de control de territorios con grandísimos recursos estratégicos . Ese es el gran tema de México, Colombia y Centroamérica. México es un país con cualquier cantidad de recursos estratégicos. No solo de petróleo, es uno de los principales países mineros del mundo, está entre los siete principales países mineros. No tiene las fuentes de agua como Colombia, pero tienen una gran reserva de agua en Chiapas y el sur del país; es una fuente de biodiversidad, aunque no sea el Amazonas. Hay una serie de estrategias de control y acceso los territorios de América Latina de las que depende Estados Unidos en este momento, que va a disputar y ha estado disputando. Es un ciclo de control del que Estados Unidos depende incluso para mantenerse en su proceso de competencia internacional. A partir de ahí es que se han amarrado los acuerdos comerciales, pero también se amarraron los acuerdos de seguridad.

El gran tema detrás de los acuerdos de seguridad es el control de esos recursos. Y del control y de la profundización de la dependencia de esos países, ese es el gran costo que ha pagado Colombia por un lado, Centroamérica por el otro, y es el gran costo que ha pagado México. Ahora habrá que ver hacia dónde va esto, con el tema del papel de la guerra o de la supuesta guerra contra el narco.

¿Y cómo ejerce el control de estos recursos?

Los acuerdos de seguridad han tenido un peso clave en los temas de violencia y en la construcción de de una guerra no formal pero que sí tiene escenarios de guerra. Desde la perspectiva lo que hay ahí es un gran proceso de desestabilización en territorios que son riquísimos en recursos, y que están en disputa. México hoy en día enfrenta niveles de violencia con sectores armados en distintas partes del país, en zonas con altísimas fuentes de recursos. Habría que pensar si esa parte de destrucción social e institucional que enfrenta México ha sido una fuente permanente de beneficio para Estados Unidos, en el marco de lo que ellos mismos llaman guerras de cuarta generación, las nuevas formas de la guerra del siglo XXI.

Una cosa que hay que dejar muy claro es que los acuerdos económicos no se pueden mantener al margen de los acuerdos de seguridad. Esas dos cosas caminan juntas. No son solo acuerdos comerciales, tienen que ver con la producción. En este momento la condición de Estados Unidos es la gran disputa por los recursos naturales, que muchos son recursos estratégicos, es un tema de territorio, es clave, cómo se accede a los recursos.

Cómo se accede o cómo profundizas formas de dependencia de esos territorios, no es lo mismo negociar en una condición de igualdad que negociar en una condición de dependencia, en situaciones que de por si ya son desiguales en la relación de México con Estados Unidos.

¿Qué significó la apertura y la destrucción de una economía? ¿Qué significó el acceso a todos los recursos, incluidos recursos estratégicos como el petróleo?

El papel de México para Estados Unidos desde hace ya un tiempo ha sido una especie de tapón de contención y por otro lado de agente de intervención de Centroamérica, como parte de estos acuerdos que se firman, como el Plan México. Luego había acuerdos de seguridad como el Maya Jaguar con el que México lideraba las acciones para temas no solamente migratorios, sino de seguridad, control de corredores. Y que como parte de esa misma estrategia cuando se construye una lógica de seguridad que esta centrada en temas punitivos y no en temas preventivos o de capacitación. Son procesos que han descompuesto el territorio y que descomponen a las propias fuerzas armadas, porque se va construyendo y alimentando una cultura de guerra.

Entonces no es que un arma que el narco activa contra el ejército, o el ejército contra el narco. Es el vecino que se molesta con su vecino que tiene un arma porque hay una lógica cultural construida y que se normaliza.

Por Wendy Selene Pérez. / 3 de septiembre de 2019.

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