Paris nunca será como era antes.

Una multitud de parisinos y turistas estupefactos, algunos de ellos llorando y otros rezando, miraban con horror en el centro de París el lunes como las llamas devoraban la emblemática catedral de Notre Dame.

Exclamaciones y gritos de “Dios mío” empezaban a oírse hacia las 19H50 (17H50 GMT) cuando parte de la aguja se vino abajo, mientras las llamas se extendían por todo el techo.

Segundos más tarde, las cámaras de cientos de teléfonos móviles captaban como el resto de la aguja se derrumbaba, en medio de gritos de estupor.

“París está desfigurada. La ciudad nunca será como era antes”, declaró Philippe, un trabajador en comunicación de unos 30 años, que pasó en bicicleta después de que un amigo le avisara del incendio que se declaró en la catedral.

La policía trataba de alejar a los transeúntes de las dos islas del Sena, incluida la Isla de la Ciudad, el barrio parisino donde se ubica la catedral de estilo gótico, el monumento histórico emblemático de la religión cristiana y de la historia de París.

Pero una multitud de espectadores seguía intentando acercarse, dificultando el tráfico mientras se arremolinaban en los puentes de piedra que conducen a la isla.

Otra mujer que se acercó estaba demasiado afectada -las lágrimas resbalaban por sus gafas- para hablar con los periodistas.

“Se acabó, no podremos volver a verla”, dijo Jerome Fautrey, un hombre de 37 años que se desplazó a mirar el incendio.

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