Si con unos cuantos muertos en Tlatelolco alcanzamos la victoria…

 

Por: José Manuel Cuéllar Moreno 

A finales de 1968 la Editorial Alba Roja publicó un librito infame titulado ¡El móndrigo! Bitácora del Consejo Nacional de Huelga. Se trataba del diario de un supuesto estudiante apodado “el móndrigo” (“pobre diablo”, “persona despreciable”), muerto en las refriegas de la Plaza de las Tres Culturas la noche del 2 de octubre. Era a todas luces un diario apócrifo que alguien de muy arriba había mandado escribir con la intención de dar fuerza a la versión oficial de los hechos y de paso amedrentar a todos aquellos que eran mencionados en el texto con nombre y apellido. El libro tuvo una amplia difusión y alcanzó por lo menos tres ediciones.

El móndrigo deja asentado desde un inicio su propósito de instaurar en México una República Socialista que “sustituirá al reaccionario y burgués de Gustavo Díaz Ordaz”, sirviéndose para esto del “empuje juvenil” y de la “entrega total” del pueblo. La Universidad “debe convertirse en fortaleza para implantar el socialismo”. Los estudiantes sólo habrían de ser la ocasión y la herramienta para ejecutar un proyecto de revolución socialista planeado desde mucho antes y con el auxilio de agentes extranjeros.

El diario nos pinta a los cabecillas estudiantiles como jóvenes violentos (que portaban “pistolas bien cargadas, una metralleta, cuchillos, varillas y ladrillos”), ignorantes (el móndrigo confiesa que no ha leído el Código Penal ni la Constitución), corruptos (reciben apoyo de la CIA, de los rusos, de miembros del gabinete de López Mateos relegados al ostracismo por la nueva administración), manipuladores (“esto se hace con saliva, es cuestión de manejar la oratoria”) y viciosos (consumen y trafican con marihuana para mantener a la masa estudiantil alegre y dispuesta, “la sagrada lechuga los enardece”).

El plan del móndrigo era provocar un disturbio de proporciones tales que allanara el camino para una revolución radical. “La muchachada jala siempre que se trata de relajos: y si la policía entra ‘como Dios manda’, sobrarán los apaleados y ya tendremos el pretexto para lanzar a todos a la lucha. Entonces los gendarmes exagerarán el castigo; y como los estudiantes no son dejados, y bien carburaditos se armará la jicotera, y cuando menos se piense, ya está el país en llamas.” El movimiento estudiantil, parecido a una colmena sin abeja reina, respondía a una sola fórmula: “Todos contra el Gobierno”.

El 30 de septiembre, el móndrigo y sus secuaces discuten la mejor estrategia para reventar el orden político del país: “Ya estamos en guerra y no vamos a fijarnos en pequeñeces. Una guerra es una lucha a muerte. Mueres tú, muero yo, o mueren los enemigos. Y si con unos cuantos muertos en Tlatelolco alcanzamos la victoria, eso es salvar al país… Es doloroso; pero también duele amputar un brazo para salvar todo el cuerpo.” De acuerdo con el móndrigo, los miembros del CNH votaron a favor de la formación de brigadas armadas que a una señal habrían de disparar contra los soldados. La conclusión lógica solo es una: los soldados, ese 2 de octubre, se limitaron a repeler las agresiones de un puñado de fanáticos socialistas.

¿Quién escribió ¡El móndrigo!? Se ha sospechado siempre de Emilio Uranga (1922-1988), un filósofo brillante que era por entonces consejero y amigo de Díaz Ordaz. De este personaje siniestro me ocupo en mi libro La Revolución inconclusa. La filosofía de Emilio Uranga, artífice oculto del PRI (Ariel, 2018). Otros testimonios concuerdan en que el redactor del libelo fue Jorge Joseph Piedra, agente confidencial a sueldo de la Secretaría de la Presidencia de la República, según consta en las fichas supervivientes y desclasificadas en 2001 de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Lo más probable es que ¡El móndrigo! haya sido una labor a varias manos.

Estamos ante una muestra flagrante de lo perversa que podía ser la política mexicana de subsuelo y ante una motivación para seguir luchando en contra de las “verdades históricas” que pretenden instalarse a fuerza de publicidad y repetición.

Filósofo y escritor  Autor de “La revolución inconclusa. La filosofía de Emilio Uranga, artífice oculto del PRI” (Ariel, 2018) @Jmcuellarm

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