LA HERENCIA CULTURAL DE UNA PRIMERA DAMA

El ser presidente de México es el puesto de  mayor     importancia     nacional; los   mandatarios   impactan   con   sus decisiones el rumbo que toma el País, pero nunca están solos, si bien, todo presidente  cuenta  con  un  equipo  de  asesores y  gente  de  confianza,  existe  una  persona  que además   de   vivir   los   problemas   nacionales, también  comparte  los  momentos  íntimos  de aquel personaje que representa a los mexicanos. Se  trata  de  la  primera  dama,  una  mujer  que adquiere el valor de figura política, por el simple hecho  de  ser  la  esposa  del  presidente  de  la República Mexicana.

Entre sus funciones destaca el deber de servir al País como la cabeza del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), y esto es un requisito que debe de cumplir durante el periodo de  mandato  de  su  pareja;  sin  embargo,  algunas prefieren mantener un perfil bajo ante los medios de comunicación, con discreción y sin aspiraciones políticas, tal como lo fue Cecilia Occelli González, quien estuvo casada con el entonces presidente de la nación, Carlos Salinas de Gortari, quien gobernó durante un periodo de seis años, a partir de 1988 hasta 1994.

Junto a su ex esposo, Cecilia viajó a distintas partes  del  mundo  en  las  que  visitó  una  gran variedad   de   museos,   pero   hubo   uno   muy específico  que  le  despertó  muchas  inquietudes. Se trató del museo dedicado a los niños, ubicado en la ciudad de Caracas, Venezuela, recinto cultural inaugurado en el año 1982, por lo que gracias a esta  experiencia,  Occelli  descubrió  una  manera diferente de acercar a los pequeños con la cultura, el conocimiento y la ciencia.

SE ELIGIÓ POR CONCURSO

El proceso para la creación de un recinto dirigido a la niñez mexicana llevó dos años de preparación; se  abrió  un  concurso  para  elegir  al  arquitecto responsable de diseñar las instalaciones del museo que  tendría  lugar  en  un  conjunto    de  terrenos que pertenecían al gobierno federal, donados a la asociación encabezada por Cecilia Occelli, el resto fueron adquiridos por una asociación dirigida por la primera dama. En aquel espacio, ubicado en la segunda  sección  de  Chapultepec  se  encontraban los  restos  de  una  antigua  fábrica  de  vidrio,  que el   arquitecto   Ricardo   Legorreta   respetó   de   la construcción  existente  (dentro  de  su  propuesta presentada como parte del concurso), con el fin de aprovechar las instalaciones con las que se contaba de la desaparecida fábrica.

La  propuesta  del  finado  arquitecto  Legorreta fue  la  ganadora  (se  economizó  el  proyecto),  y junto  a  su  hijo  Víctor  fueron  los  encargados  de imaginar  y  crear  lo  que  ahora  conocemos  como el  Papalote  Museo  del  Niño.  Actualmente  se  ha sometido a algunas modificaciones y adaptaciones, conservando su apariencia original elaborada con bloques de cerámica mexicana que proyectan formas geométricas.

Fue durante el año de 1993 cuando el recinto abrió sus puertas, y  desde  entonces,  recibe  alrededor  de  1  millón  de  personas  al  año, principalmente niñas y niños, quienes disfrutan de un lugar en el que las  reglas  de  comportamiento  no  existen,  la  libertad  es  parte  de  la grata experiencia y su única preocupación es la de realizar todas las actividades antes de acabar el recorrido.

* Revisa el articulo completo en nuestra edición de Abril de Revista Líder México

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